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No. Esa foto no existe. Ojalá existiese, jajajaja.
Creo que Pepe debió querer mucho a Sophie, porque fue generosísimo con ella en las capitulaciones matrimoniales. El duque de Morny había vivido a lo grand seigneur, pero a su muerte dejó una testamentaria ciertamente complicada. Nada más enviudar, Sophie, que tenía mucho orgullo, abandonó a la mayor premura el Hotel de Lassay, su glamurosa residencia parisina hasta la fecha, porque se trataba de una vivienda que se le había adjudicado al fallecido en virtud de su condición de presidete de la Cámara de Diputados, cargo al que, ahora, accedía Walewski. Los Morny llevaban tiempo esperando a que concluyesen los trabajos de construcción de su vivienda privada en París, un hôtel en la rue Gabriel (número 42). Como a esa casa le faltaba aún el remate, tarea para varios meses, Sophie, al abandonar Lassay, se fue a una casa alquilada en la rue Fortin que ofrecía la ventaja de un amplio jardín.
En las semanas siguientes, se enteró de que no habían sido tan ricos como ella suponía porque su marido había gastado a manos llenas, a un ritmo que ascendía a casi medio millón de francos por año. Se acumulaban facturas pendientes y numerosos pagarés que los acreedores presentaban raudos ante la viuda. No había liquidez, de manera que hubo que empezar a vender. Los caballos, que habían constituído el orgullo de Morny, acabaron vendiéndose en un lote subastado en Chantilly. También se puso a la venta el castillo de Nades y la casita de vacaciones en Viroflay, que le había gustado tanto a Sophie. Hubo que seguir con las joyas -incluída una diadema de la reina Hortense- y con los cuadros, que incluían obras de Velázquez, Rembrandt, Rubens, Fragonard, Watteau, etc, etc. Sophie salvó para sí misma treinta y cuatro cuadros, pero se subastaron ochenta y una obras maestras.
La Sophie con la que se casaba el duque de Sesto, por tanto, no contaba con demasiados recursos económicos. Digamos que había saneado sus finanzas...pero aún había bastantes estrecheces.
Pepe firmó unas capitulaciones en las que establecía que entregaría a su esposa, en concepto de alfileres, es decir para gastos propios menudos, la cantidad de dos mil francos por mes. Las ganancias patrimoniales que tuviese a partir de su boda, serían de ambos a partes iguales, en dos mitades exactas. Si hubiese pérdidas, las afrontaría él solo, quedando exenta de cualquier responsabilidad Sophie.
O sea...generoso a tope.
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