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 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 21 Feb 2026 21:06 
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Fragmentos de la Cuarta Parte. Capítulo 9

***


Circulan muchos rumores conspirativos sobre este suceso, que puso en serio peligro nuestra democracia. Quiero dar aquí mi versión, con toda sinceridad, con mi memoria como única limitación. No tengo nada que ocultar. Esto es lo que recuerdo de aquella larga noche en la que no hubo un solo intento de golpe de Estado, sino tres: el del teniente coronel Tejero y el general Jaime Milans del Bosch, el más conocido y visible; el de Armada, que fue muy doloroso en el plano personal; y el de los falangistas que quisieron acoplarse a los dos anteriores en una vuelta al orden franquista.

Dos meses antes del famoso 23 de febrero de 1981, mi padre había cenado con el general Milans del Bosch en casa de su fiel amigo Luis de Ussía, Conde de los Gaitanes, que se había convertido en su secretario particular. Fue un encuentro amistoso sin segundas intenciones. «¡Antes de jubilarme, voy a sacar los tanques a la calle!», le dijo el general con aplomo. Para ser sincero, cuando mi padre me lo contó, no me lo tomé en serio, aunque seguramente debí haberlo hecho. (…) Aspiraba a convertirse en jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, pero, al final, fue nombrado jefe de la región militar de Valencia, lo que fue una herida para su orgullo. Era uno de los militares más prestigiosos de nuestro Ejército y yo lo respetaba enormemente. Su abuelo había sido jefe de la Casa Militar de mi abuelo, el rey Alfonso XIII, y le consideraba leal a la Corona.

Sabía que el descontento crecía en los cuarteles. Los militares llamaban públicamente «traidores» a los miembros del Gobierno, sobre todo a Adolfo Suárez y a su ministro de Defensa y vicepresidente, el general Gutiérrez Mellado, pero yo estaba lejos de imaginar que se estuviera tramando un golpe de Estado. Los partidos políticos también intrigaban en busca de poder. (…) Aquel lunes 23 de febrero por la tarde terminé mis audiencias y luego jugué un partido de squash con mi fiel amigo Miguel Arias. (…) La víspera, el domingo, había pasado el día en una partida de caza a unos cincuenta kilómetros de la capital. (…) ¡Menciono estos detalles triviales de mi agenda porque, evidentemente, si hubiera sospechado que se tramaba algo, nunca habría hecho un viaje así el día anterior!

Eran sobre las seis de la tarde y me disponía a cambiarme de ropa, como hago siempre después de hacer deporte. De camino a mi habitación, pasé por delante de la mesa de mi ayudante, que tenía la radio encendida para seguir la sesión del Congreso. Como al descuido, oí los nombres de los diputados llamados a votar y, unos instantes después, ruido de ametralladoras. Me quedé estupefacto.

Nadie pudo contarme nada, salvo que un teniente coronel de la Guardia Civil había irrumpido en el Congreso y había tomado como rehenes a todos los civiles. Los militares se sublevaban y burlaban el orden constitucional. ¡Es más, el golpe se llevaba a cabo en mi nombre! Era un ultraje. (…) Corrí a mi despacho, donde se reunió conmigo el secretario general de la Casa Real, Sabino Fernández Campo, un teniente general que me acompañaba desde 1977 y que permanecería a mi servicio hasta 1993. (…) Me gustaban la seriedad y lealtad de Sabino, que, como veremos, desempeñó un papel decisivo.

Mi primer instinto fue llamar al jefe del Estado Mayor del Ejército, José Gabeiras, para pedirle información. Estaba en ese momento con su segundo, Alfonso Armada, que fue quien cogió el teléfono. Tenía plena confianza en él, había sido mi secretario y compañero durante mucho tiempo, pero su tono de voz, inusualmente tranquilo, me sorprendió. (…) «Majestad, le propongo ir a verle para explicárselo todo», dijo con calma. (…) Tuve como un presentimiento y no contesté de inmediato. En ese mismo momento, Sabino Fernández Campo me pasó otro auricular. Era el general José Juste, jefe de la poderosa división acorazada Brunete, en las afueras de Madrid. «¿Está el general Armada en la Zarzuela?», preguntó preocupado.

—No, no está aquí y no le esperamosrespondí sin dudar.

Inmediatamente, se situó del lado de la Constitución. Podía contar con su lealtad. Hoy lamento que, tras estos acontecimientos, el general Juste nunca fuera ascendido; aunque su papel fue crucial, no recibió ningún reconocimiento oficial por ello.

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¿Estaba el general Armada jugando un doble juego? (…) Si insistía tanto en estar a mi lado, era para comprometerme y, sin duda, para hacer creer que yo apoyaba el golpe. (…) Reanudé mi conversación con él: «Quédate donde estás. Si te necesito, te llamaré, pero, de momento, no vengas». Y de inmediato avisé al jefe de seguridad de la Zarzuela para que no le permitieran entrar.

La televisión y la radio no emitían más que marchas militares. Afortunadamente, las líneas telefónicas de palacio no estaban cortadas. Por mediación de un miembro de la Guardia Real que asistía a la sesión de investidura vestido de civil, Sabino consiguió contactar con el teniente coronel Tejero, que controlaba el Congreso con varios centenares de hombres.

—¿Qué haces aquí?

Yo recibo órdenes del capitán general de Valencia.

¿Cómo te atreves a hacer lo que estás haciendo en nombre del Rey? No lo vuelvas a hacer, no estás autorizado a ello.

Fue entonces cuando me di cuenta de que él pensaba que estaba actuando con mi acuerdo implícito. Sabino le ordenó que liberara el Congreso, pero antes incluso de que terminara de hablar, Tejero colgó. Me advirtieron que el general Milans del Bosch había sacado los tanques a las calles de Valencia. No sabía si los demás capitanes generales se disponían a hacer lo mismo. Tampoco sabía qué sucedía realmente en el Congreso, donde los diputados y el Gobierno habían sido tomados como rehenes. No sabía si vendrían a detenerme.

El jefe de la Casa Real, Nicolás Cotoner y Cotoner, Marqués de Mondéjar, se unió rápidamente a nosotros, junto con Sofi, tranquila y reparadora, incluso en medio de la tormenta, a quien pedí que trajera a nuestro hijo Felipe. (…) Me parecía fundamental que viviera esos momentos de tensión a mi lado, y no solo que me oyera contárselos años más tarde. Tenía que verlo con sus propios ojos, escucharme, entender que a veces todo puede cambiar en cuestión de segundos, incluso la Corona. Y, sobre todo, que la monarquía constitucional nunca puede darse por sentada, siempre hay que defenderla.

[…]

Estuvo toda la tarde y casi toda la noche siguiendo los acontecimientos, hasta que finalmente se quedó dormido en un sillón. Miguel Arias se quedó ante mi insistencia. (…) Más tarde llegaron mis dos hermanas con sus respectivas familias. Estábamos a puerta cerrada, aislados del mundo, con el teléfono sonando sin parar. Mi cuñado, el Rey Constantino, había perdido la corona tras el golpe de Estado de los coroneles en 1967. Había «coexistido» con los militares mientras intentaba fomentar un contragolpe con algunos de ellos, pero, por desgracia, cayó en su propia trampa y solo tuvo unas horas para abandonar el país únicamente con lo puesto. ¿Sufriría yo el mismo destino? Lo único que sé con certeza es que no debía flaquear, ni siquiera transigir.

Aquel día recibí muchas llamadas: de mi padre, de jefes de Estado, de amigos preocupados y de militares. Hubo una decisiva, la de una diputada socialista catalana que no conocía, Anna Balletbò. Fue la única rehén liberada, porque estaba embarazada de gemelos. Más tarde, supe que había tenido dificultades para contactar conmigo: cuando preguntó por el Palacio de la Zarzuela, ¡la operadora la puso en contacto con el Teatro de la Zarzuela! Por suerte, el presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, le dio mi número. Mi primera pregunta fue: «¿Hay heridos?». (…) Ella me tranquilizó, aunque luego me enteré de que varias personas resultaron heridas como consecuencia indirecta de las ráfagas de ametralladora. (…) Gracias a ella, pude obtener los únicos indicios que me daban una idea de la situación.

Nuestra conversación fue larga y detallada, interrumpida más de una docena de veces por llamadas de militares desconcertados que querían órdenes de su jefe. Yo era un rey constitucional, pero sobre todo era el jefe de las Fuerzas Armadas, además de su antiguo compañero de armas, y había sido nombrado por Franco. Tenía todas las legitimidades, que dejé claras a los interesados. Si era necesario, les pediría que se pusieran firmes al otro lado de la línea. Mi autoridad no podía ser cuestionada; era lo único que me quedaba. (…) Nunca he sido tan autoritario en mi vida. Ni siquiera creía ser capaz de ello. (…) Intenté demostrar, a todos con quienes hablé, que era yo quien controlaba la situación. No quería que nadie se aprovechara de ninguna duda o vacilación por mi parte. Hablaba con aplomo y persuasión, porque sabía que estaba en juego el destino de la Corona y del país.

Majestad, ¿qué va a hacer usted? —preguntó Anna Balletbò—. Hay cuatrocientos rehenes en el Congreso.

Estoy al servicio de los más altos intereses de España y de la democracia —respondí sin dudarlo un segundo.

Parecía aliviada. Quiso venir a la Zarzuela a apoyarme, pero le pedí que descansara, dado su estado. «La invitaré a la Zarzuela cuando todo esto termine.» La conocí unas semanas más tarde. Luego fui el padrino de sus gemelos. Desde entonces, nos une una amistad llena de agradecimiento. Hay llamadas que no se olvidan.


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 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 21 Feb 2026 21:56 
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Tres horas después del tiroteo de Tejero en el Congreso, la situación era muy inestable. (…) A fuerza de enviar télex y hablar con mandos militares, el tiempo había volado y, sin embargo, había hecho pocos avances. La situación no era alentadora: el Gobierno y los representantes electos seguían secuestrados, la región de Valencia estaba bajo toque de queda y vehículos blindados patrullaban las calles. Llamé uno por uno a los capitanes generales. (…) De los once capitanes generales, calculo que la mitad apoyaba la rebelión, pero no se atrevían a desobedecer. Les advertí: «Quien se levante contra el Rey está dispuesto a provocar una guerra civil y será considerado responsable». Luego o bien el jefe o el secretario de la Casa Real llamaba a los ayudantes de los capitanes para comprobar que estos seguían siendo leales. Algunos desempeñaron un papel decisivo, como el capitán general de Madrid, Guillermo Quintana Lacaci, a quien la democracia española debe mucho. Justo cuando el general José Juste estaba a punto de cumplir la orden de Milans del Bosch de ocupar Madrid con la división acorazada Brunete, Lacaci revocó la orden de Milans y ordenó el regreso a los cuarteles de las fuerzas acorazadas que ya habían partido. El general Juste, sobre todo después de hablar con mi secretario, dio marcha atrás, pero Quintana Lacaci tuvo que entablar un difícil tira y afloja con los jefes de la división Brunete, que se preparaban para tomar Madrid y se resistían a obedecer la contraorden. Tres años después, este notable militar fue asesinado por la espalda por un comando de ETA cuando regresaba de misa como cada domingo acompañado de su esposa. Su hijo Willy llegó a ser jefe de seguridad de la Casa Real.

A veces era difícil contactar directamente con el comandante. Por ejemplo, el coronel de la base aérea de Valencia, Eduardo González-Gallarza, hijo de uno de los ministros de Franco y compañero mío de la Academia General del Aire, había salido a correr, como cada día, alrededor de la base. Fue su segundo al mando quien atendió la llamada de Milans del Bosch: «Tienes que recibir órdenes mías», le exigió. «No, yo solo recibo órdenes del Rey», respondió.

Cuando hablé con él, me aseguró:

Vamos a emplazar nuestros aviones en la entrada de la base para impedir que entren los tanques.

Sabía, por lo tanto, que la base aérea de Valencia permanecería leal. Pero ¿qué pasaba con la policía y la Guardia Civil? Nos planteamos organizar un asalto del Congreso para liberar a los rehenes, pero ¿quién aceptaría asumir esta arriesgada misión?

Había un cierto vacío de poder porque los ministros y los representantes electos estaban secuestrados. Si un solo ministro se hubiera quedado fuera, se habría convertido automáticamente en presidente de Gobierno y yo habría estado bajo sus órdenes, y no habría podido hacer lo que hice. Para mantener las formas y preservar la legalidad, se constituyó un Gobierno formado por secretarios de Estado y presidido por Francisco Laína, entonces director de la Seguridad del Estado, que duró catorce horas, hasta la liberación de los rehenes.

Yo quería salir de mi aislamiento y hablar con el país, pero ¿cómo hacerlo? Radio Televisión Española estaba rodeada por un regimiento inflexible. Tras infructuosas conversaciones, el Marqués de Mondéjar consiguió por fin convencer a un amigo, el capitán al mando de esta unidad militar, para que dejara salir a un equipo de grabación. ¿Qué le dijo para persuadirle? No estuve presente en la conversación, pero el Marqués de Mondéjar tenía una autoridad natural a la que era difícil resistirse. ¡Algo sabía yo de eso! Dado el riesgo de que los coches, incluso sin el logotipo de RTVE, fueran interceptados por las fuerzas armadas, se decidió finalmente que se enviarían a la Zarzuela dos equipos, que tomarían rutas separadas. (…) Mientras tanto, Armada volvió a llamarme para pedirme autorización para ir al Congreso a negociar con Tejero por «puro sacrificio patriótico». Conociendo su duplicidad, le contesté: «No te doy ningún permiso, y no vayas allí en mi nombre». Esa fue la última conversación que tuvimos. Sé que llegó al Congreso sobre las doce y media de la noche, y que estuvo hablando con Tejero más de una hora. Defendió la idea de un Gobierno de unidad nacional; imagino que se veía presidiéndolo. Había estado en la Escuela de Guerra de París y había vuelto admirador del general De Gaulle. Quizás tenía en mente su toma del poder en 1958. Nunca hablamos de ello.

Mientras Armada estaba en el Congreso, yo grabé al fin mi mensaje a la nación. Habían llegado las cámaras y se había montado a toda prisa un estudio de grabación en mi despacho. Me enfundé la chaqueta de capitán general; para acelerar las cosas, ni siquiera me puse los pantalones a juego. (…) El tiempo que pasó entre que los dos coches se alejaron, uno de ellos con un carrete vacío a modo de señuelo por si los detenían, y el momento en que mi anuncio apareció en televisión se me hizo eterno. Las marchas militares resonaban una y otra vez en la televisión y la radio. (…) Lo sé, se me ha criticado mucho por no haber hablado antes por televisión, pero pasaron varias horas incomprensibles entre el momento en que tenía intención de dirigirme al país, hacia las 22:30, y el momento en que mi mensaje se emitió realmente, a la 1:15. (…) Algunas personas me dijeron después que ya se estaban preparando para exiliarse. Hubo militantes que se reunieron en las sedes de los partidos para quemar archivos.

A la 1:45 envié un segundo télex a Milans del Bosch. A las 2:30 le pregunté por tercera vez por qué no se habían cumplido mis órdenes. Se mostró muy testarudo. Hasta las 4:30 de la mañana los tanques no volvieron a sus cuarteles. ¡Parece que algunos incluso se paraban en los semáforos en rojo! Tejero seguía obstinadamente encerrado en el Congreso. No se rindió hasta el mediodía del 24 de febrero, después de dieciocho horas de asedio.

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Por la mañana, oímos un ruido sordo de motores de coches que rompía el silencio de la Zarzuela, siempre tan tranquila gracias al gran parque que rodea el palacio, aunque a veces, si el viento viene del sur, llega más ruido. «¡Son los tanques que vienen a por nosotros!», se preocupó Sofi. Sabíamos que a las siete de la mañana los cuarteles se despertarían y no sabíamos cómo reaccionarían ante los acontecimientos de la noche. (…) Insté a Sofi a que llevara a los niños al colegio como cualquier otra mañana, a pesar de la intensa noche. También pedí a mis amigos que hicieran lo mismo y volvieran a la normalidad lo antes posible.

La noche del 23 de febrero de 1981 es una de esas noches que siempre recordaré, y creo que todos los españoles también. Sigo teniendo preguntas y dudas sobre la forma en que se desarrollaron los acontecimientos y el papel que asumieron algunos. (…) A posteriori, es fácil ver lo mal organizados que estaban los golpistas, pero en aquel momento podía haber sucedido cualquier cosa. (…) Habrían podido ordenar al Ejército que tomara la Zarzuela o dejarme sin comunicación con el exterior. (…) Más adelante se instaló una línea directa entre el palacio y RTVE para permitir la transmisión instantánea de mensajes audiovisuales. Sigo convencido de que mi silencio habría sido tomado como consentimiento. (…) Hubo un antes y un después, para mí y para el país. Luego cambié la decoración de mi despacho y tiré la ropa que llevaba puesta, una camiseta azul de la marca italiana Fila que recuerdo bien. No quería conservar nada que me recordara aquella pesadilla.

Al día siguiente, apenas unas horas después de su liberación, recibí en la Zarzuela a algunos de los secuestrados e incomunicados por Tejero: el socialista Felipe González, el comunista Santiago Carrillo, el dimisionario Adolfo Suárez y su ministro de Defensa, Agustín Rodríguez Sahagún, y Manuel Fraga, de Alianza Popular. Según ellos mismos admitieron, creyeron que les había llegado su hora. Todos habían tenido delante a un guardia civil apuntándoles con una ametralladora a la cara. A Suárez lo pusieron en una habitación aparte. Luego me contaron que el general Gutiérrez Mellado, el único militar de la Cámara que defendía la Constitución, no había dudado en enfrentarse a los insurrectos armados. Santiago Carrillo y Adolfo Suárez, aturdidos por la interrupción de Tejero y el sonido de las ráfagas de ametralladora, ni siquiera se protegieron, ni se refugiaron como los demás diputados bajo las gradas. Permanecieron impasibles ante el espectáculo de violencia. (…) Luego pasaron la noche en una habitación aislada y fuertemente custodiados, mientras los demás miembros del Gobierno y los representantes electos eran retenidos en el hemiciclo por jóvenes soldados nerviosos.

El abrazo que nos dimos con Adolfo Suárez, a su llegada, ¡nunca fue más efusivo! Él estaba convencido de que Alfonso Armada había desempeñado un papel en su liberación al ir al Congreso a hablar con Tejero. «¡Nos ha salvado la vida! ¡Hay que condecorarlo!», me dijo antes de entonar el mea culpa por haber intentado impedir su ascenso militar. Se lo aclaré enseguida: «No, Adolfo, tenías razón. Armada es un traidor». No fue fácil aceptar la traición de un amigo íntimo de quien me fiaba ciegamente. (…) En cualquier caso, me alegré de poder reunir, sanos y salvos, a esos hombres de la Transición que me habían ayudado a construir nuestra democracia, pero la gravedad de las circunstancias pesaba más que las celebraciones.

[…]

El 26 de febrero, los diputados volvieron al Congreso para aprobar finalmente la investidura de Calvo-Sotelo. El día 27, millones de personas se manifestaron en todo el país en apoyo a una democracia que se había tambaleado. El 28 estaba previsto, desde hacía mucho tiempo, que presidiera una ceremonia militar: la celebración del vigésimo quinto aniversario de mi promoción en la Academia Militar de Zaragoza. Acudieron quinientos militares, entre ellos el Estado Mayor y el hijo de Tejero. Era la primera vez que me enfrentaba a ellos desde la intentona golpista y me temblaban las piernas. Me quedé petrificado ante aquella multitud de gorras dubitativas, entre quienes había quien le habían dicho al nuevo ministro de Defensa, Alberto Oliart: «Ministro, quiero decirle que soy franquista y que venero la memoria del general Franco. El Caudillo me ordenó obedecer a su sucesor y el Rey me ordenó detener el golpe del 23F, y lo detuve; si me hubiera ordenado tomar las Cortes, las habría tomado». «Gracias por vuestra lealtad», repetí varias veces durante mi discurso. (…) Tocaba reconstruir unas relaciones sanas y pacíficas entre el poder militar y el poder civil y, a pesar del terrorismo de ETA, poner a las Fuerzas Armadas firmemente del lado de la Constitución. Estaba convencido de que el ingreso en la OTAN permitiría al Ejército español integrar los principios democráticos de otros Ejércitos occidentales, además de ser un paso necesario hacia la integración en la CEE.

[…]

El Manifiesto de los Cien fue una advertencia pública al Gobierno y a los medios de comunicación firmada por un centenar de mandos militares y emitida nueve meses después del golpe, poco antes del inicio, en febrero de 1982, del Consejo de Guerra encargado de juzgar a los golpistas. Declaraba que las críticas a Milans del Bosch y Tejero eran vistas como críticas a todo el Ejército, y advertía de las consecuencias que aquello podría acarrear. Terrorismo y golpismo iban de la mano. (…) El jefe de mi Casa Militar, el general Joaquín de Valenzuela, uno de mis profesores en las pruebas de acceso a la Academia Militar, sufrió un atentado en pleno centro de Madrid el 7 de mayo de 1981. Una bomba hizo estallar su coche, hiriéndole de gravedad y matando a su chófer, a su ayudante y a un sargento. (…) Un mes más tarde, se desmanteló un complot militar para eliminar a los diputados de izquierdas y obligarme a abdicar. Otra conspiración, la Operación Cervantes, fue frustrada en octubre de 1982, justo antes de las elecciones generales. Hubo otra más en 1985, en La Coruña. Guardo oscuros y dolorosos recuerdos de este período.

El 28 de octubre de 1982, España eligió por mayoría absoluta al PSOE, que llegó al poder sin necesidad de coalición por primera vez en la historia del país. El relevo se produjo de manera pacífica, y fue afortunadamente aceptado por las Fuerzas Armadas, que se rindieron ante una victoria tan masiva. (…) Había tenido tiempo de conocer a Felipe González, que se convertiría en presidente de Gobierno, y a Alfonso Guerra, vicepresidente. Había podido calibrar su ambición por el país y su lealtad institucional. Ambos habían defendido la República cuatro años antes, pero demostrarían ser escrupulosos en el respeto a las prerrogativas de la Corona. Se encontraron a la cabeza de un Gobierno cuya media de edad no llegaba a los cuarenta años, dispuesto a poner en marcha una sociedad moderna y próspera, y demostraron que eran verdaderos estadistas, dispuestos a construir conmigo una nueva España.


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 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 25 Feb 2026 17:30 
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Los documentos desclasificados del 23F demuestran que la versión ofrecida por el Rey Juan Carlos, hasta la fecha, es cierta. En sus memorias repite varias veces que su mayor error (y el del Gobierno) fue no tomar en serio las amenazas o advertencias de aquellos que él percibía como dinosaurios. El Conde de Barcelona le advirtió, por ejemplo, sobre Milans, y Suárez sobre Armada, pero al igual que en otras ocasiones, muchos creyeron que eran simples bravuconadas.

Comparte en sus memorias también su preocupación porque los golpistas utilizaran su nombre antes, durante y después del golpe, algo que atestigua los documentos (CSID). Entiende que le utilizaran como señuelo para atraer adeptos, pero también para intentar librarse de culpas una vez desbaratado el golpe, también atestiguado hoy.


Este es uno de los resúmenes más completos sobre lo que aparece en relación con el Rey Juan Carlos en los documentos desclasificados:


Qué han revelado los documentos desclasificados del 23F: el fracaso por “dejar al Borbón libre” o la operación que pudo dejar entre “80 y 110 muertos”

Los papeles del 23F dan detalles sobre el papel que tuvo el rey emérito, la operación que valoró la policía para entrar en el Congreso y otros aspectos como la implicación de agentes secretos o las órdenes para tomar RTVE.

https://www.ondacero.es/noticias/espana ... 7bdd0.html

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Un manuscrito de autor desconocido sostiene que fue un error “dejar al Borbón (rey) libre y tratarlo como si fuera un caballero” y afirma que “el rey es -por tanto- un objetivo a batir y anular”. El texto critica que no se hubiera neutralizado al monarca en el arranque de la asonada.

En el citado escrito exponen cómo pueden reaccionar ante los “fallos” que tienen que “corregir para “actuaciones sucesivas” y también apuntan unas “sugerencias para el futuro” y en entre ellas señala como el “primer fallo” haber dejado al “Borbón libre y tratar con él como si fuera un caballero”.

Creen que ahora el Rey seguirá adelante con su “intento suicida” de tener un Gobierno con los socialistas. Por lo que afirman que no puede ser considerado “ni como un símbolo a respetar”: “Es, por tanto, un objetivo a batir y anular”.

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Entre los documentos desclasificados figura el relato del CNI sobre lo ocurrido en la Zarzuela. Según ese informe, el Rey recibió una llamada de Alfonso Armada, segundo jefe de Estado Mayor del Ejército, minutos después del asalto del Congreso entre las 18.30 y las 19.00 horas, cuando el general pretendía acudir al Palacio. Juan Carlos I le ordenó que permaneciera en su puesto.

Más tarde, entre las 20.00 y las 21.00 horas, mantuvo con él una conversación “muy tensa”. Tras ella, ordenó el envío de un télex a la Junta de Jefes del Estado Mayor y a las capitanías generales en el que confirmaba que se tomaran las medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente.

El Secretario General de la Casa Real logró también hablar con Tejero y le instó a deponer su actitud. El teniente coronel respondió que solo obedecía órdenes de Milans del Bosch.

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Llamada de Armada al Rey pidiéndole ir a Zarzuela

La incertidumbre por el conocimiento del rey el 23F

El rey oyó por radio en directo cómo se asaltaba el Congreso a las 18.22 horas. El Secretario General, Sabino Fernández Campos, comprueba inmediatamente que el rey conoce los acontecimientos y empiezan los contactos telefónicos para conocer la situación.

Sobre las siete de la tarde, Fernández Campo habla con el general Juste, jefe de la Division Acorazada, quien pregunta insistentemente si el general Armada se encontraba en el Palacio de la Zarzuela. “(Tenía más interés por conocer dicha noticia que por dar conocimiento de la situación de la División)”, señala el documento.

Fernández Campo le responde que “en absoluto está en Zarzuela el general Armada, a lo que contesta el General Juste: “Esto cambia totalmente la situación”.

El rey denegó a Armada que acudiera a Zarzuela ya en los primeros momentos

El rey Juan Carlos denegó que el general Alfonso Armada, segundo jefe de Estado Mayor del Ejército, acudiese al Palacio de la Zarzuela ya en los minutos posteriores al asalto del Congreso por el teniente coronel Tejero. Así consta en un documento del CNI desclasificado por el Ministerio de Defensa titulado ‘Relato de los sucesos de los días 23 y 24 de febrero’.

“Entre las 18.30 y las 19.00 el rey recibe una llamada del general Armada, que pretendía incorporarse al Palacio de la Zarzuela, mientras el Teniente General Gabeiras seguía en el EME (Estado Mayor del Ejército). Su Majestad le contesta que no, que continúe en su puesto”, descubre el documento, centrado en una descripción de los sucesos del 23 y 24 de febrero de 1981 “según fueron conocidos en el Palacio de la Zarzuela”.

La primera comunicación de Casa Real con Tejero

El Secretario General de la Casa Real consiguió hablar con Tejero alrededor de las 20:20 horas: “Soy el Secretario General de Su Majestad, ¿qué es lo que pretendes? Depón tu actitud inmediatamente”, a lo que Tejero responde que solo recibe órdenes de Milans del Bosch.

“Pero tú has invocado el nombre de Su Majestad el Rey, ¿por qué? ¿por qué?”, y así en repetidas ocasiones.

La conversación “tensa” entre el rey y Armada

El Rey Juan Carlos I mantuvo una conversación “muy tensa” con el general Alfonso Armada entre las 20.00 y las 21.00 horas del 23-F y, poco después, ordenó transmitir un télex a la Junta de Jefes del Estado Mayor (JUJEM), a los capitanes generales, a las zonas marítimas y a las regiones aéreas en el que ordenaba la toma de las “medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente”.

Así consta en un documento del CNI desclasificado por el Ministerio de Defensa este miércoles sobre el golpe de Estado del 23F titulado, 'Relato de los sucesos de los días 23 y 24 de febrero'. Cuenta que en el mencionado lapso de tiempo, el Rey recibió las llamadas del entonces jefe del Estado Mayor del Ejército, José Gabeiras, y del general Armada.

Después de una conversación “muy tensa” con Armada, el Rey pasó el teléfono al general Sabino Fernández Campo, secretario general de la Casa Real, que también habló con Armada y Gabeiras.

Tras dialogar con ellos, ordenó el envío del télex, que “salió a las 22.35 hora oficial española”. La transcripción literal dice: “Ante situación creada por sucesos desarrollados Palacio Congreso y para evitar cualquier posible confusión, confirmo he ordenado autoridades civiles y junta de jefes de Estado Mayor tomen medidas necesarias para mantener orden constitucional dentro legalidad vigente. Cualquier medida de carácter militar que en su caso hubieran de tomarse, deberá contar con la aprobación de la JUJEM”.

El rey, decidido con el orden constitucional ante Milans

Tras la emisión en TVE de su mensaje contra el golpe de Estado a la 01.12 del 24 de febrero de 1981, el rey transmitió al general Milans del Bosch su "rotunda decisión de mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente. Después de este mensaje ya no puedo volverme atrás".

Así consta en un documento del CNI desclasificado por el Ministerio de Defensa este miércoles sobre el golpe de Estado del 23F. Titulado, 'Relato de los sucesos de los días 23 y 24 de febrero'.

En sus "órdenes" enviadas por telex a Milans del Bosch, --quien tras el asalto al Congreso había emitido un bando en el que asumía el poder en toda la III Capitanía Militar, con sede en Valencia, y había sacado los tanques a las calles de esta ciudad--, el rey le hacía saber también "con toda claridad" que "cualquier golpe de Estado no podrá escudarse en el Rey, es contra el Rey".

Juan Carlos I, a Milans del Bosch: "Quien se subleve, está dispuesto a provocar y será responsable de ello, una nueva guerra civil"

“Te hago saber con toda claridad lo siguiente:

    — Afirmo mi rotunda decisión de mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente. Después de este mensaje ya no puedo volverme atrás.

    Cualquier golpe de Estado no podrá escudarse en el Rey, es contra El Rey.

    — Hoy más que nunca, estoy dispuesto a cumplir el juramento a la Bandera. Por ello, muy conscientemente y pensando únicamente en España, te ordeno que retires todas las unidades que hayas movido.

    — Te ordeno que digas a Tejero que deponga inmediatamente su actitud.

    — Juro que ni abdicaré la Corona, ni abandonaré España. Quien se subleve, está dispuesto a provocar y será responsable de ello, una nueva guerra civil.

    — No dudo del amor a España de Mis Generales. Por España primero, y por la Corona, después, te ordeno que cumplas cuanto te he dicho”.


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 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 25 Feb 2026 17:45 
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“Tirar a matar”: las órdenes para tomar RTVE

Las cintas de la llamada “Unidad Militar Pardo” revelan las instrucciones dadas a los soldados que ocuparon los estudios de RTVE en Prado del Rey. “No hablar con nadie, el primer tiro al aire y el segundo a dar, con los cargadores metidos y ni seguro ni nada”, relata un militar a su interlocutor. En otro momento lo resume así: “Fíjate. Pues tirar a matar. Con eso ya te lo he dicho”.

El regimiento tomó Radio Televisión Española hacia las ocho de la tarde y permaneció allí durante horas. A las tres y media de la madrugada hubo un “conato de salida” que finalmente no se produjo. “Debió recibir órdenes el coronel de no salir. Si llamó el Rey, aquí, creo. Aquí al cuartel”, comenta el militar en la conversación.

Durante la ocupación, los periodistas no pudieron informar y en Radio Nacional solo sonaron marchas militares durante varios minutos.

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El diálogo está incluido en un documento titulado “Conversaciones telefónicas de la unidad militar El Pardo”, en el que se transcriben las llamadas recibidas en el cuartel el día 24.

Un asalto al Congreso con hasta 110 muertos

Entre los papeles desclasificados figura también una advertencia de la Brigada de Interior fechada el 18 de marzo de 1981. En ella se menciona la evaluación de un posible asalto por los GEOS al Congreso para liberar a los diputados retenidos.

“La operación se calculó que supondría entre 80 y 110 muertos”, recoge el documento. Uno de los factores que frenó esa intervención fue que una persona —cuyo nombre aparece tachado— se encontraba en un despacho cercano a una de las vías de penetración previstas.

El informe añade que los autores de un libro sobre el 23-F barajaban la tesis de que el golpe se basaba en la llamada Operación Ariete, diseñada en tiempos de Carrero Blanco, que contemplaba un vacío de poder y desórdenes de masas, aunque esta segunda parte habría sido frenada en Barcelona tras anularse una convocatoria callejera.

Implicaciones en el CESID y apoyos internacionales

La documentación también apunta a la participación activa de seis miembros de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales del CESID, que habrían conocido o apoyado los hechos y posteriormente intentado encubrir su intervención. Sobre el comandante José Luis Cortina, se señala que no está comprobado que supiera del golpe, aunque habría indicios.

En el plano internacional, los papeles revelan que el presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, llamó al Rey el 24 de febrero para expresar el apoyo de su país a la democracia española, corrigiendo así la posición inicial de su secretario de Estado, que había calificado el golpe como un “asunto interno”. También Fidel Castro envió una carta en la que reconocía la “rápida y decidida participación” del monarca para frenar la asonada.

Los bulos contra Juan Carlos I

Tras el fracaso del golpe, el Ministerio del Interior recopiló panfletos y escritos que trataban de implicar al rey Juan Carlos I en la intentona. En ellos se sostenía que el monarca habría pactado en Baqueira con el general Alfonso Armada la caída de Adolfo Suárez, que tenía preparado un avión para huir del país o que había enviado a sus hijos al extranjero como señal de que conocía lo que iba a suceder.

Uno de esos textos aseguraba que el Rey decidió forzar la dimisión de Suárez al margen de la Constitución y que, ante su negativa, el teniente general Merry Gordon puso una pistola sobre la mesa diciendo: “Esta es una razón”. Otros escritos hablaban de una “magistral operación” del monarca, asesorado por su cuñado Constantino de Grecia, para dejar en evidencia a los militares y presentarse como “el salvador de la Constitución y de la democracia”.


Una campaña contra el rey Juan Carlos

Un documento titulado 'Campaña contra S.M.' y sin firma lamenta una campaña en contra de Juan Carlos I para implicar al rey emérito en el intento de golpe de Estado. “La supuesta implicación de S.M. el Rey en los acontecimientos que tuvieron lugar el 23 de Febrero de 1981 responde, por una parte, al deseo de disminuir la responsabilidad penal de los procesados por aquellos hechos y, por otra, a la posibilidad de disponer de un argumento contra la Corona que haga posible un intento similar en el futuro”.

“Tanto por parte de los abogados defensores de los verdaderamente implicados, como entre los grupos políticos y círculos simpatizantes con la causa de aquellos, se ha manejado profusamente esta supuesta implicación de S.M. el Rey como razón primaria del intento de golpe de estado. Para ello se han tergiversado algunos hechos reales, se han interpretado de forma malintencionada otros y se han inventado acontecimientos que sólo han existido en la mente de sus creadores”, prosigue el texto, que también asegura que los “sucesivos rumores contra la Corona” tuvieron éxito “en los sectores de la derecha radical”.

El PCE detectó que la “extrema derecha” usaba bulos para “implicar” al Rey en el 23-F

Los teóricos del Partido Comunista de España (PCE) remitieron en mayo de 1981 a su secretario general, Santiago Carrillo, una nota confidencial en la que avisaban del peligro que “supone dejar a la extrema derecha que impere en el mercado negro del rumor” y, “lo más grave, incidir en la supuesta implicación del Rey en el golpe” de Estado del 23 de febrero.


El CESID validó que el rey habló con Milans del Bosch después del 23F

El CESID elevó a “conocimiento superior” un contacto que se habría producido por parte del rey Juan Carlos I con el general Jaime Milans del Bosch después del golpe de Estado del 23F y antes de que se llevara a cabo el juicio, con vistas a que “la Corona no salga lesionada del proceso”. Así consta en uno de los documentos publicados por el Gobierno y elaborados por el entonces servicio secreto, con fecha del 5 de febrero de 1982, es decir, días antes de que el proceso contra los golpistas arrancase el 19 de febrero.

En él, se habla de “algunas entrevistas confidenciales y sigilosas de S.M. el Rey con los principales del intento del 'golpe de Estado'” en base a informaciones de “algunos núcleos cualificados de opinión cántabra e incluso también en ambientes castrenses de la capital”.

En concreto, se indica que “alguien muy importante de la Casa Real”, a quien no se identifica, se habría entrevistado con el general Alfonso Armada, “matizando con él comportamientos relativos a la vista oral del proceso”.

Entrevista “confidencial” entre el rey y Milans del Bosch

Por lo que se refiere a Milans del Bosch, el documento precisa que “este exigió que la entrevista se concretase con la propia persona real”, es decir, el Rey, “no admitiendo intermediarios ni eslabones inferiores”. Según el CESID, “en tales círculos de opinión se ASEGURA (sic) que, en efecto, el Rey se ha entrevistado confidencialmente con Milans del Bosch”.

El objetivo, precisa el documento, es que “por encima de todo se pretende que la Corona no salga lesionada del proceso y que en todo caso, los intentos en tal sentido no provengan de los principales procesados y de reconocida vocación monárquica”.


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 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 25 Feb 2026 18:22 
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O sea, el germen de los bulos se encuentra en los ultras y alguno de los abogados de los procesados pretendió utilizarlos ante el Supremo a modo de “exculpación”. Los mismos bulos que ha comprado la ultraizquierda.

La madre que los parió a todos. Dando por saco desde tiempos inmemoriales.


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 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 25 Feb 2026 18:50 
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https://theobjective.com/espana/2026-02 ... los-i-23f/

Aquí aparecen las cartas de Reagan e Isabel II a JC felicitándolo por el fracaso del golpe. Muy fuimos el telegrama timbrado y en castellano

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 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 25 Feb 2026 19:22 
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Y decían que esto era para perjudicar al Rey... Lo que dice de su mayor error será verdad, es una constante en su vida él no hacer tanto caso a los buenos consejos que le dan algunos y si a los que más le perjudican. Así hasta el día de hoy.

Este si hubiera sido un buen momento si quería viajar España, es más sé hubiera incluso felicitado nuevamente su papel.

Que buen español el de Isabel :hehe:


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 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 25 Feb 2026 19:52 
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Registrado: 27 Abr 2020 10:14
Mensajes: 3236
Es bueno que se vea blanco sobre negro y se vean claramente los bulos que se extendieron (y que algunos políticos siguen utilizando) acerca de la implicación del rey Juan Carlos en el 23-F.


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 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 25 Feb 2026 22:20 
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Registrado: 29 Ago 2011 15:48
Mensajes: 15104
Ubicación: Gijón. Principado de Asturias.
A ver, acabo de enterarme de que el teniente coronel Tejero ha muerto el mismo día que se publican los documentos del golpe. Da un poco de yuyu ¿no? Jopé, qué casualidad :XD:

_________________
La expresión suprema de la belleza es la sencillez.
Alberto Durero.


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 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 26 Feb 2026 13:11 
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Registrado: 01 May 2011 11:16
Mensajes: 254
Ubicación: Valladolid
Tengo la teoría de que esto sale ahora porque el Gobierno sabía que Tejero estaba muy mal y que era cuestión de días que falleciera, de ahí que se desclasificase y aprovechando el 23F.


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 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 26 Feb 2026 13:50 
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Registrado: 22 Abr 2015 17:57
Mensajes: 23527
Ubicación: España
Era un compromiso asumido con el PNV.

Esto no evita que los conspiranoicos sigan erre que erre con lo suyo. Es su forma de ganar dinero y seguir teniendo notoriedad.



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 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 27 Feb 2026 12:05 
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Registrado: 03 Mar 2008 16:43
Mensajes: 5963
Creo que esta desclasificación ha terminado siendo un favor a la Casa Real y a la Monarquía (dudo que ese fuera el objetivo real, pero es un prejuicio mío).

Limpia en gran medida al más polémico de sus miembros, el rey Juan Carlos, a la vez que lo hace con la Institución y la Familia por contagio directo. Por otra parte, después de esta limpieza y los comentarios de todo tipo de perfiles en los periódicos, también queda claro que si el rey Juan Carlos no vuelve es porque no le da la real gana. Valga la redundancia.


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