"Aunque la Reina no se considera a sí misma un icono de la
moda, soy muy consciente de que mucha gente sí lo hace. Siempre está a la última —de hecho, marca tendencia—, nunca da un paso en falso a la hora de elegir los conjuntos que luce y se inspira en los estilos clásicos de Dior y Chanel. La Reina es humilde y su vida gira en torno a su papel. Forma parte de su trabajo tener el aspecto adecuado, y la
moda le ayuda. A lo largo de los años he tenido que tener muy presente que, cuando Su Majestad pronuncia un discurso, la atención de los medios debe centrarse siempre en sus palabras y en el tema tratado, más que en el color de su vestido o el estilo de su sombrero, lo cual puede limitar un poco mi creatividad a la hora de diseñar. Así que, cuando surgió la oportunidad de que la Reina asistiera a la Semana de la Moda de Londres, me emocioné mucho: por una vez, podíamos disfrutar de la ocasión sin preocuparnos tanto como lo haríamos para un compromiso de Estado o una visita real oficial, en los que hay que tener en cuenta criterios estrictos a la hora de diseñar la ropa de Su Majestad.
El origen de la icónica aparición de la Reina en la «FROW» (la primera fila) del desfile de la Semana de la Moda de Londres de 2018 surgió de una idea que se me ocurrió varios meses antes. Soy una gran admiradora del mundo de la
moda y, teniendo en cuenta lo mucho que a todo el mundo le encanta el sentido del estilo de la Reina, me pregunté si podríamos crear un premio para reconocer la influencia que ha tenido en la industria de la
moda a lo largo de los años. Pensé que también podría ser una gran oportunidad para apoyar a un diseñador británico emergente. Cuando le sugerí a la Reina un premio que se llamara «Premio Reina Isabel II al Diseño Británico» y que pudiera ser entregado por primera vez en la Semana de la Moda de Londres por la propia Reina, le encantó la idea. En los años siguientes, el premio lo entregaría otro miembro de la Familia Real. Más tarde, Su Majestad describió el premio como su «legado a todos aquellos que han contribuido a la industria de la
moda británica». Sam Cohen, secretaria privado de Su Majestad en aquel momento, y yo nos pusimos inmediatamente en contacto con Caroline Rush, del British Fashion Council, para poner el proyecto en marcha. Ella se mostró absolutamente encantada al saber que Su Majestad asistiría al desfile y reconocería de esta manera a los jóvenes talentos británicos. Lo único que faltaba era el premio, y Su Majestad accedió amablemente a que yo me encargara de diseñarlo. Creo que sabía que crearía algo acorde con su propio gusto.

En los días previos al desfile, organizado por el British Fashion Council, tuvimos que mantener todo en el más estricto secreto. Si los medios de comunicación hubieran sabido de antemano lo que iba a ocurrir, habría sido muy difícil que Su Majestad asistiera, ya que se habrían agolpado en el recinto. Solo un puñado de personas conocía el plan de que la Reina entregaría el premio a Richard Quinn. Mi asistente, Jackie, la secretaria privado, Sam Cohen, y yo fuimos al 180 de Strand para ver el recinto antes del evento y reunirnos con los organizadores. Evaluamos la ruta sugerida que seguiría Su Majestad una vez dentro, y yo hice algunos cambios en el programa previsto para que la nueva generación de diseñadores presentes tuviera la oportunidad de hablar con la Reina sobre sus creaciones.
El día del desfile, llegué con la Reina, que llevaba un conjunto de Angela Kelly: el diseño era
moderno, pero inspirado en Chanel, de color azul huevo de pato, acompañado de una chaqueta a juego decorada con cristales Swarovski de color aguamarina. Nos llevaron a conocer a los diseñadores de la Nueva Generación, quienes, al ver acercarse a Su Majestad, reaccionaron con total asombro, no solo por tener la oportunidad de ver a la Reina, sino también por poder hablar con ella y compartir sus diseños. A continuación, se pidió a todos que ocuparan sus asientos, lo que fue nuestra señal para tomar nuestras posiciones. Los medios de comunicación aún no tenían ni idea de que Su Majestad estaba a punto de entrar en la sala. Más tarde, Stella, Jackie y mi gran amigo Michael Atmore, de Fairchild Publications —que había volado desde Nueva York para asistir a la Semana de la Moda de Londres—, me contaron que podían oír a los diseñadores de «New Generation» hablando de que acababan de conocer a la Reina y de que aún estaban impresionados. Cuando la Reina entró, se oyeron exclamaciones de asombro procedentes de todas partes, seguidas rápidamente por el sonido de los obturadores de las cámaras disparándose a toda velocidad. Tras la sorpresa inicial, se produjo una ovación espontánea y algunos de los representantes de los medios de comunicación incluso tenían lágrimas en los ojos: es muy poco habitual que alguien vea a la Reina de esta manera y todo el mundo estaba encantado de poder capturar a Su Majestad en este momento tan excepcional.
Para mí fue un privilegio personal ese día poder sentarme junto a la Reina en la primera fila, junto a figuras emblemáticas de la
moda como Caroline Rush, Anna Wintour, Sarah Mower y Anya Hindmarch. Comenzó el desfile y Su Majestad me comentó más tarde que le había encantado especialmente ver todos los estampados florales en la pasarela. Después, la Reina y yo nos dirigimos al frente, donde pronunció un maravilloso discurso sobre la importancia de la
moda británica. Nunca olvidaré haber visto a la Reina entregar a Richard Quinn el primer Premio Reina Isabel II al Diseño Británico".
