Ay, Amélie...¡¡lo que he disfrutado de la lectura mientras apuraba a sorbitos una taza de buen café!! Un café a lo Metternich, claro: caliente como la pasión, dulce como el amor y negro como el pecado. El canciller Metternich sí que sabía, jajaja.
Me ha encantado cómo has presentado la relación entre Adriano y Antinous. Estoy de acuerdo en que, aparte de la pasión física que el bellísimo Antinous pudiese originar en Adriano, había una conexión especial entre ambos. Antinous parece haber sido muy consciente, incluso en su primera juventud, de que "no hay veneno más poderoso que el que procede de las hojas de laurel de la corona de un César". No aspiraba a compartir esa corona de hojas de laurel. No le corroían ni la ambición ni las ansias de dominio. Coincido contigo en que quizá eso era lo que atraía de manera particular a Adriano. Con Antinous me figuro que podía olvidarse de que vivía en la púrpura para ser, simplemente, un hombre de carne y hueso, con sangre borboteando en las venas.
Vibia Sabina...

...me parece una figura muy pero muy sustanciosa. En primer lugar, me interesa como mujer. En segundo lugar, creo que pudo representar un papel de gran densidad en la historia Adriano&Antinous, concretamente en el -luctuoso- desenlace. A mí Sabina me intriga lo suficiente como para echar de menos, a falta de una detallada biografía, siquiera una novela de esas que parecen inspiradas desde las alturas, jajaja.
Tal vez parte de la clave resida en Salonina Matidia, la madre de Sabina...pero, bueno, no quiero irme al terreno de las especulaciones sobre personajes femeninos de la antigüedad clásica y romperte el tema, jajajaja.