Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

Reglas del Foro


Por favor, no más de 4 imágenes por mensaje. Evitad sobrecargar la página. Muchas gracias a todos.



Nuevo tema Responder al tema  [ 376 mensajes ]  Ir a página Anterior  1 ... 20, 21, 22, 23, 24, 25, 26 ... 32  Siguiente
Autor Mensaje
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 16 Dic 2025 18:30 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 22 Abr 2015 17:57
Mensajes: 23527
Ubicación: España
El siguiente capítulo trata la muerte de Alfonsito. El Rey Juan Carlos habla abiertamente de esa tragedia, pero sin ahondar en ciertos detalles. Antes de meternos en lo que cuenta, y para quien tenga interés, os traigo la narración de Ricardo Mateos y la del doctor Aldo Castellani, el médico de los Saboya, que él mismo recoge en “Estoril, los años dorados”.

“Pero llegado el Viernes Santo, 29 de marzo, y cuando por la tarde, después de los oficios religiosos, don Juanito y don Alfonsito estaban en Giralda jugando con una pequeña pistola que el primero había traído de Madrid y que ambos creían descargada, un fatal accidente a manos del hermano mayor segó la vida del pequeño, con un infortunado disparo cuyos ecos aún pueden oírse en las memorias de quienes vivieron aquellos terribles días.

En un segundo toda la familia quedó sumida en el mayor estupor, y el doctor Joaquín Abreu Loureiro (médico de los Barcelona y de los París), que fue llamado a dar parte del fallecimiento y en cuyos brazos, según algunos, expiró el Infante, (otras versiones cuentan que ya había muerto en brazos de su hermano Juan Carlos o en brazos de don Juan) afirmó no haber visto nunca tan mala fortuna, pues una bala del dos y medio había ido a entrar por la nariz (por la frente, según otros) de don Alfonsito para acabar alojándose en su cerebro. La escena fue de enorme desolación y, según ciertos testimonios, don Juan, en su desesperación, le espetó a don Juanito un durísimo: «¡Júrame que no lo has hecho a propósito!». El multitudinario entierro del llorado infante tuvo lugar en el cementerio de Nuestra Señora de Guia dos días más tarde, el 31, en medio de enormes muestras de dolor y en presencia de muchas personalidades de numerosos países. Tres mil personas se congregaron a las puertas de Giralda, donde don Juan no tuvo fuerzas para cerrar el féretro, delegando esa penosa labor en el Marqués de Castelldosrius. De España llegaron los Infantes Alfonso de Orleans y Fernando de Baviera, otros parientes y amigos de la familia real viajaron desde Italia y otros lugares, el Duque de Braganza se desplazó desde Coimbra, y no faltaron el Almirante Horthy, el Duque de Palmela, el Archiduque José, las Infantas Mafalda y Felipa de Portugal, el Nuncio Apostólico, el Rey Humberto, el Embajador de Estados Unidos, el Ministro de Asuntos Exteriores de Portugal y el jefe de la Casa Militar del jefe del Estado portugués. El embajador Nicolás Franco, en cama por un accidente de coche, delegó su representación en don Ignacio Muguiro, cuñado de Ramón Padilla y buen amigo de don Juan, que fue quien controló la información en los medios de prensa.

Imagen

Las damas, que no asistieron al entierro, quedaron en Villa Giralda para acompañar a la aturdida doña María, a quien el padre Valentini, que le dio su apoyo espiritual, aconsejó seguir un retiro de cinco días. Concluido el luctuoso acto, don Juanito fue enviado inmediatamente de regreso a la Academia Militar de Zaragoza, para alejarlo lo antes posible del lugar de la tragedia. Hasta el doctor Aldo Castellani, el médico de los Saboya, consignó aquella gran pérdida en su diario:

    Un día sombrío para la Familia Real de España. El pequeño Alfonsito, el menor de los Barcelona, ha tenido un trágico final. A primera hora de la tarde del día 29 estuvo con su hermano de diecinueve años, el Príncipe Juan Carlos practicando tiro con una pistola del 22. Luego ambos acompañaron a sus padres a la iglesia, donde tomaron la Sagrada Comunión. Sobre las ocho y media de la noche, justo antes de la cena, los príncipes subieron al cuarto de juegos y Alfonsito comenzó a limpiar la pistola. Los chicos no eran conscientes de que una bala había quedado en la recámara. Se disparó de pronto y Alfonsito cayó, con un tiro entre los ojos. Murió en los brazos de su hermano unos minutos después. Al día siguiente el cuerpo del principito estuvo en capilla ardiente en la casa y cientos de personas de todas las clases acudieron a rendirle homenaje. El funeral fue el día 31. En el último adiós, cuando el cuerpo fue bajado a la tumba, don Juan, su padre, se rompió de dolor y las lágrimas corrieron por sus mejillas. Todo el mundo quería a Alfonsito. Era un chico brillante, inteligente y rebosante de vida, guapo y sano, con sus ojos azules y su cabello rubio color de arena.


Desde entonces en Giralda se instaló el silencio y durante largos meses toda la familia y un restringido grupo de íntimos rezarían diariamente, dirigidos por el padre Valentini, el rosario por el difunto infante en medio de oraciones vespertinas en latín. Cada uno intentaba manejarse como podía, con su tremendo dolor y, como no podía ser de otra forma, también con la lógica parte de culpa con la que dramas semejantes salpican siempre de forma muy honda a los sistemas familiares. Los Barcelona, sumidos en el luto, no asistieron a la celebración de las bodas de plata de los Condes de París que, prevista para el 8 de abril, quedó teñida de enorme tristeza. El drama de la muerte de Alfonsito, de muy hondas repercusiones para la Familia Real española, no dejó impasible a nadie y hundió en una profunda tristeza a todo su entorno. Los taxistas le echaban de menos, ya no alegraba los silenciosos encuentros familiares, su primo y casi hermano Adam Czartoryski nunca regresaría a Estoril desde entonces, y la nannie de siempre, Anny Wicky, abandonó la escena volviendo a su país de origen pues «casi se volvió loca». Según Antonio Eraso, que también marchó de Estoril para continuar sus estudios en Santander en compañía de uno de sus hermanos, «la muerte de Alfonsito supuso una desbandada». Él, que vivió aquellos hechos tan luctuosos de forma directa y en primera persona, recuerda una y otra vez emocionado cómo nada volvería a ser igual a partir de entonces, pues con la muerte de Alfonsito se quebraron sueños, esperanzas y, por supuesto, aquellos años dorados.

Imagen

Doña María, que todavía cuarenta y un años después confesaría a su biógrafo Javier González de Vega «¡A mí se me paró la vida!», fue quizá quien contó con menos recursos para poder comenzar a afrontar y elaborar lo sucedido, y pronto entraría en una honda depresión buscando, poco a poco, el apoyo en el alcohol como única forma posible de poder sobrevivir a un dolor semejante. Ella misma decidió regalar a Antonio Eraso unos gemelos del infante, pero no tuvo fuerzas para entregárselos en persona ni tampoco para poder verle durante algún tiempo. Don Juan, que lanzó la fatídica pistola al mar, salió a jugar al golf cinco días después y este gran amigo de su hijo, que lo vio en la lejanía, tampoco sintió, por respeto, tener fuerzas para acercarse a él, que buscó consuelo en el mar y en su pasión marinera de toda la vida. Como reitera Eraso: «El golpe fue brutal. La vida feliz y familiar quedó marcada por la tragedia».

Imagen

Y es que de Alfonsito todos recuerdan su enorme madurez, el sentido del deber para con su hermano, en quien reconocía la pesada carga que había caído sobre sus hombros y a quien se esforzaba en ayudar de forma continua, y también las reflexiones adultas (algunos le llamaban «Senequita») que era capaz de hacer a su padre, con quien compartía sus grandes pasiones: el mar y el golf. Muy Orleans de aspecto y de figura, pues ya la Infanta Eulalia había dicho de él que era el vivo retrato de su abuela doña Luisa cuando esta era una niña, la joven y despierta personalidad del infante inspiraba ternura y aprecio en todos cuantos estaban cerca de él, y aún llegan los ecos de su tierno hablar arrastrando fuertemente las «erres» españolas con su punto de infantil resabio francés”.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 16 Dic 2025 20:40 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 25 Jul 2009 07:22
Mensajes: 4919
Ubicación: Utrecht, Países Bajos
Clara, pregunta: ¿quiénes son el archiduque José, las infantas Mafalda y Filipa de Portugal? No entiendo a quiénes nombra y no aparecen en ningún lado.

_________________
"Ma fin est mon commencement,
et mon commencement ma fin".


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 16 Dic 2025 21:06 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 16 Dic 2019 03:16
Mensajes: 387
Mafalda y Felipa eran las hermanas del entonces Duque de Braganza. El Archiduque José es de la rama Palatina. Vivía con su familia en Portugal, exiliado.

No son personajes tan mediáticos como los Savoia, los Orléans y los Borbón pero también formaban parte de esa tribu de Estoril, Sintra y Cascais.

_________________
@spanishroyaljewels


Última edición por davidr el 16 Dic 2025 21:30, editado 1 vez en total

Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 16 Dic 2025 21:28 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 22 Abr 2015 17:57
Mensajes: 23527
Ubicación: España
José Francisco de Austria pertenecía a la rama palatina de Hungría. Llegó a Estoril huyendo de la dictadura comunista junto a su mujer, Ana Mónica de Sajonia y su numerosa prole de hijos. Era bisnieto de Francisco José y Sissi. Sus padres eran José Augusto de Austria y Augusta de Baviera (hija de Gisela).

Felipa era hermana de Duarte Nuno de Braganza, tía carnal del actual Duque. Mafalda no lo sé, porque había muerto décadas atrás. Yo creo que se confunde y se refiere a María Antonia de Braganza (otra de las hermanas). María Antonia se instaló en Estoril tras divorciarse del norteamericano Ashley S. Chanler y sus chavales (Anthony, Robert y Mafalda) solían juntarse con los Barcelona, los Saboya y los París.

phpBB [video]


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 16 Dic 2025 22:25 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 25 Jul 2009 07:22
Mensajes: 4919
Ubicación: Utrecht, Países Bajos
Gracias a ambos por la explicación sobre estos royals completamente desconocidos para mí.

_________________
"Ma fin est mon commencement,
et mon commencement ma fin".


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 17 Dic 2025 21:50 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 26 Mar 2019 22:04
Mensajes: 6598
O sea, que hay varias versiones de las circunstancias exactas de la muerte de Alfonsito.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 18 Dic 2025 10:01 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 01 Oct 2023 19:43
Mensajes: 1824
Es un hecho tan impactante que cada uno lo vivió personalmente de manera diferente. Además de la falta de testigos, solo el rey Juan Carlos presenció todos los hechos.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 18 Dic 2025 11:38 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 16 Dic 2019 03:16
Mensajes: 387
Y luego está la versión que llegó a relatar Vittorio Emanuel, quien afirmaba haber estado presente, una versión totalmente distinta de la oficial.

_________________
@spanishroyaljewels


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 18 Dic 2025 13:27 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 22 Abr 2015 17:57
Mensajes: 23527
Ubicación: España
¿La versión de Víctor Manuel tiene fundamentos? ¿Cabe la posibilidad de que sí estuviera con ellos?


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 18 Dic 2025 15:20 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 03 Mar 2008 16:43
Mensajes: 5963
"Víctor Manuel" y "fundamentos" no sé yo si tienen cabida en la misma frase. :lmao: :lmao:


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 18 Dic 2025 15:27 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 22 Abr 2015 17:57
Mensajes: 23527
Ubicación: España
Aquí la breve versión del Rey Juan Carlos:


Fragmentos de la Segunda Parte. Capítulo 4


***



“Mi hermano Alfonso, cuatro años menor que yo, murió. Toda la familia estaba reunida en Estoril para la Semana Santa de 1956. Volvíamos de jugar un partido de golf después de una misa vespertina. Él era un excelente golfista. Mientras esperábamos la cena, subimos a la sala de juegos. Nos divertíamos jugando con una pistola de calibre 22 que un amigo, teniente, me había dado en España. Habíamos sacado el cargador. Ni por un momento imaginamos que había quedado una bala en la recámara. Un disparo saltó por los aires, la bala rebotó y alcanzó a mi hermano en la frente. Murió en brazos de nuestro padre. Hubo un antes y un después de aquello. Todavía hoy me cuesta hablar de lo ocurrido, pero pienso en ello todos los días. Esta terrible experiencia ha unido aún más a nuestra familia. Echo de menos a mi hermano, me gustaría poder tenerle a mi lado, poder hablar con él. Perdí a un amigo, a un confidente. Dejó un vacío enorme. Sin su muerte, mi vida hubiera sido menos sombría, menos desdichada. Llevo fotos suyas que me acompañan a todas partes. El 5 de octubre, día de su cumpleaños, sigue siendo para mí una fecha inolvidable.

Se fletó un tren desde España para su funeral. Los taxistas de Estoril llevaron gratuitamente a la iglesia a quienes acudieron a darle el último adiós, un gesto admirable que ilustra la relación que teníamos con los portugueses. Mi hermano pequeño era un apasionado de la mecánica, y conocía a muchos conductores con los que hablaba de motores, que le encantaba desmontar, y de modelos de coches. Cuando volvimos del cementerio, al que ni mi madre ni mis hermanas pudieron acudir porque en aquella época las mujeres no asistían a los entierros, nos reunimos todos en casa. Reinaba el silencio. Fueron unos momentos terribles. Mi padre me envió de vuelta a la Academia Militar en España dos días después del funeral. Tenía que regresar a la vida, y tenía que hacerlo rápido. Seguramente no quería que viera a la familia entristecida. Rezamos por él todas las noches durante años. Sus restos fueron devueltos a España y enterrados en el Panteón de Infantes de El Escorial en 1992. Nunca me recuperé de esta desgracia. El sentido de lo trágico arraigó desde entonces en mí.

Al término de mi formación militar, en 1960, Franco y mi padre se pusieron de acuerdo sobre cómo debía continuar mi educación. El Duque de la Torre quería que asistiera a una de las universidades más antiguas y prestigiosas de Europa, la de Salamanca, es probable que para alejarme del control directo de Franco y acercarme geográficamente a mi padre y a Estoril. Con la aprobación de mi padre, lo planificó todo. La Duquesa de Alba le ofreció su palacio, contiguo a la universidad. Incluso se llegó a perforar una puerta para que pudiera pasar de uno a otro lugar con total discreción. Había en aquella época un aire de apertura en la Universidad de Salamanca, donde enseñaban profesores contrarios al régimen, entre ellos el famoso socialista Enrique Tierno Galván, que acabó siendo expulsado de la universidad y se marchó a dar clases a Princeton, en Estados Unidos, antes de convertirse en el excelente Alcalde de Madrid, gracias a una alianza entre los partidos socialista y comunista, desde 1979 y hasta su muerte en 1986. Transformó nuestra capital. Yo estaba muy unido a él en aquella época y nos reíamos mucho de aquel tiempo en el que pudo haber sido mi profesor. Tenía un ingenio y un humor incomparables.

Pese a los preparativos que se habían hecho para que fuera a Salamanca, Franco decidió otra cosa: iría a estudiar a la Universidad Complutense de Madrid. Como de costumbre, yo estaba resignado a obedecer, y mi padre finalmente accedió. El repudiado Duque de la Torre dimitió. En seis años, nunca había visto enfadarse tanto a aquel general, habitualmente serio, tranquilo y autoritario.

[…]

Yo vivía a unos cuarenta kilómetros de Madrid, cerca del majestuoso monasterio de El Escorial, en la Casita de Arriba, también conocida como la Casita del Infante, un pabellón construido a finales del siglo XVIII y en origen dedicado a la música. Franco la convirtió en refugio durante la Segunda Guerra Mundial. No parece en absoluto un búnker, sino más bien una casita de muñecas de una planta rodeada de un hermoso jardín y de árboles excepcionales, unos imponentes cedros del Líbano. (…) Conducía una hora cada mañana para llegar a clase. (…) Me seguía un coche de policía encargado de mi seguridad. Para que los demás estudiantes no vieran el Mercedes, me cuidaba de aparcar en el límite del campus, construido en terrenos donados por mi abuelo el Rey Alfonso XIII para el establecimiento de la primera universidad española, siguiendo el modelo de campus americano. Me avergonzaba el privilegio de tener un coche a mi edad. Llegaba a las nueve de la mañana, lo más discretamente posible, para seguir el curso intensivo que me habían preparado de Derecho, Humanidades y Administración Pública, alternando clases particulares y colectivas. A las pocas semanas de empezar el curso, mientras estaba en clase escuchando al profesor, entró el rector de la universidad, se acercó a mí y me susurró:

Alteza, va a salir conmigo de la facultad por una puerta trasera porque, en la puerta principal, se ha organizado una manifestación de estudiantes falangistas en su contra…

—No pienso utilizar otra puerta que la que usé al entrar. Iré por la puerta principal porque, si no, no podré volver jamás.

Esperé a que terminara la clase y bajé las escaleras, desde donde pude oír el lema de los manifestantes: «Los Borbones al toril», que jugaba con la rima entre «toril», donde se encierra a los toros antes de la lidia, y «Estoril». Salí, intentando abrirme paso entre los manifestantes y con la cabeza alta, aunque por dentro temblaba. Estaba fuera de lugar mostrar mi aprensión o cualquier signo de debilidad, pero la tensión que sentía era terrible.

Durante los días siguientes, fui a las clases y al bar durante los descansos para hablar con el mayor número posible de estudiantes. Quería que entendieran que yo era un joven como ellos, que respetaba sus opiniones, que no buscaba enfrentamientos ni privilegios. Esperaba coincidir con el más renuente de los manifestantes, Rafael Jiménez de Parga, que más tarde se convertiría en abogado en Barcelona y en un buen amigo. Su hermano, Manuel, llegó a ser ministro y luego, Presidente del Tribunal Constitucional. Rafael había participado en la manifestación y desde entonces me evitaba. Un día nos encontramos cara a cara en un pasillo y no pudo esquivarme.

—Hacía mucho tiempo que quería conocerte. Ven, te invito a un café y a un cigarrillo —le dije para romper el hielo.

Mi invitación le pilló por sorpresa. Le llevé al bar y charlamos largo y tendido. Fafa, como se le conocía por entonces, se convirtió en un amigo, a pesar de que todo nos separaba. Él pertenecía al movimiento clandestino Frente de Liberación Popular (conocido como FELIPE), un grupo de izquierdas, dirigido en la universidad por el profesor de Derecho Federico de Castro, que no era de tradición republicana como sí lo eran los partidos socialista o comunista, y yo representaba a mi padre y a la corriente monarquista. Pese a estas diferencias de opinión, siempre pensé que debíamos conocernos, comprendernos y, sobre todo, evitar encerrarnos en una actitud distante y obstinada.

La Falange fue un movimiento de inspiración fascista que se consideraba ante todo católico y anticomunista. Creado en los años treinta, se utilizó primero como fuerza de choque represiva durante la Guerra Civil y después como brazo político de Franco para instaurar su régimen autoritario bajo el nombre de Movimiento Nacional, el único partido político autorizado. Controlaba la vida social y económica del país a través de sus organizaciones y sindicatos. (…) Su ideología autoritaria se oponía a la corriente monárquica y, por tanto, a los miembros de la monarquía derrocada.

[…]

Como a cualquier joven de mi edad, me apetecía divertirme, romper el aislamiento en el que me encontraba por las noches en la Casita de Arriba de El Escorial, así que, a veces, en mitad de la noche, saltaba a escondidas el muro que rodeaba el jardín y me escapaba para ir de fiesta a Madrid con la ayuda de un cómplice, Miguel Primo de Rivera y Urquijo. Mi amigo era nieto del militar Miguel Primo de Rivera, que gobernó España como dictador de 1923 a 1930; su hijo mayor, José Antonio, fusilado en los primeros meses de la Guerra Civil, fue el fundador de la Falange. Miguel, mi amigo, desempeñaría más tarde un papel clave en la Transición, sobre el que volveré más adelante, pero en aquella época me esperaba en su coche para salir pitando a la sala de baile de moda de la época, el Pasapoga Music Hall, en la Gran Vía, una de las calles más concurridas del centro de la capital. (…) Aparte de estas ocasionales escapadas nocturnas, interludios de libertad y diversión, yo llevaba una vida regulada y observada.

Estos años de estudios estuvieron marcados por el encuentro con Torcuato Fernández-Miranda, que resultaría determinante en mi carrera política. Este profesor de Derecho Político, astuto y brillante, era diferente de otros profesores. (…) Estas clases, en forma de animada conversación, eran un soplo de aire fresco. Lejos de todo dogmatismo, estimulaba en mí la emulación intelectual. Su talante frío y serio ocultaba un sentido del humor cáustico. Rector de universidad antes de convertirse en ministro secretario general del Movimiento, el partido único del régimen, Fernández-Miranda era ante todo un espíritu libre y vivaz. Desarrollamos una gran complicidad y amistad que tendría repercusiones políticas”.


***


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 18 Dic 2025 15:35 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 22 Abr 2015 17:57
Mensajes: 23527
Ubicación: España
phpBB [video]


Lamballe, no te vayas muy lejos que Luis María Ansón sí nombra a Víctor Manuel de Saboya en lo referente a la dichosa pistola, pero no le sitúa en el día de la tragedia. Tiene pinta que el saboyano, aprovechando que estuvo con ellos días antes, quiso tirarse el pisto.

A saber cómo acabó la relación entre él y el Rey JC después de lo ocurrido en la boda de los Asturias y en otras cosas que no sabemos. Sus palabras rezuman resentimiento y ánimo de venganza.

phpBB [video]


Arriba
 Perfil  
 
Mostrar mensajes previos:  Ordenar por  
Nuevo tema Responder al tema  [ 376 mensajes ]  Ir a página Anterior  1 ... 20, 21, 22, 23, 24, 25, 26 ... 32  Siguiente


¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 2 invitados


No puede abrir nuevos temas en este Foro
No puede responder a temas en este Foro
No puede editar sus mensajes en este Foro
No puede borrar sus mensajes en este Foro
No puede enviar adjuntos en este Foro

Saltar a:  



Style by phpBB3 styles, zdrowie zdrowie alveo
Powered by phpBB © 2000, 2002, 2005, 2007 phpBB Group
Base de datos de MODs
Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com


Condiciones de Uso | Política de privacidad