nando escribió:
Y las presiones sutiles, jajajaa. Está claro que a Sabba NO le atrae Liselotte von der Pfalz.
Al final, el último semestre de ese año lo pasaron los Sesto en Francia. Pepe llevó a Alfonsito a Viena para que se reincorporase al Theresianum, en tanto que Sophie permanecía en París. Ella se enteró enseguida de que, en las nuevas Cortes elegidas en España, los alfonsinos habían crecido en número...hasta la cifra de catorce diputados. Considerando que había, por ejemplo, setenta y seis republicanos, era una pobre cosecha de votos la de los alfonsinos. Supongo que Sophie estaría que roería el suelo con los dientes a causa de la extraordinaria prudencia que preconizaba don Antonio Cánovas. La prudencia excesiva no íba con ella, en eso era muy rusa

Sesto compartía hasta cierto punto las apreciaciones de su mujer. Sólo hasta cierto punto, hay que subrayarlo. Él creía que don Antonio llevaba razón. Hacía falta ir poquito a poco, no se trataba solamente de sembrar en terreno previamente bien abonado, sino que la cosecha debía surgir cuando pudiese ser una excelente cosecha. Alfonsito aún estaba en el Theresianum y debía rematar su formación "civil" antes de trasladarse a la famosa academia militar de Sandhurst, en Inglaterra.
Pepe viajó a Viena otra vez en diciembre. En septiembre, había llevado a Alfonsito. En diciembre, se trataba de recogerle para acompañarle en el viaje a París con vistas a las vacaciones de Navidad. Había surgido un factor interesante en la historia: la reina Isabel se había reconciliado tiempo atrás con su hermana Luísa Fernanda, de la que había estado absolutamente distanciada debido en especial a los tejemanejes del marido de la infanta, el duque de Montpensier. Con el advenimiento de Amadeo, Montpensier había entendido por fín que NO, NO SERÍA REY DE ESPAÑA. Así que había cogido el camino a un exilio demasiado tardío para que fuese enteramente honroso, estableciéndose en Francia con su esposa e hijos. Habían tomado una casa en París, por supuesto, pero pasaban largas temporadas en el recoleto castillo de Randan, en la Auvernia.
Montpensier quería ganar puntos con su sobrino Alfonso, de manera que le había invitado a visitarles en Randan. Isabel II estaba dispuesta a contemporizar: ella iría a Randan llevando consigo a Alfonso, para una visita breve a los tíos y primos Montpensier. Luego, la soberana y su hijo retornarán a París para las fiestas navideñas en sí mismas. La cena de Nochevieja de Alfonso, por ejemplo, le lleva a la casa de la rue Gabriel de Pepe y Sophie. El día de Año Nuevo, serán Pepe y Sophie los que se desplacen al Palacio de Castilla a participar en una recepción que ya es tradicional.
Entre tanto compartir mesa y mantel, Alfonsito confiesa a Pepe que, en Randan, ha quedado fascinado por su prima Mercedes de Orléans, una de las hijas de los Montpensier. Probablemente, Pepe le dió al asunto la importancia justa. Alfonso era un chaval impresionable, enamoradizo y apasionado. Años antes, había suspirado en Deauville por Isabel de Arcicollar. Ahora, le tocaba el turno a Mercedes de Orléans. Con el tiempo, se vería si se trataba de un sentimiento firme o del simple idilio juvenil que sólo perdura a través de un bonito recuerdo. Así que Pepe no se rompió la cabeza, con pensamientos del tipo "Montpensier me lo quiere gobernar vía Merceditas". Se limitó a escuchar atentamente al chico y luego, el cuatro de enero, salió con él en tren hacia Viena para que retomase las clases.