Os dejo por aquí las apreciaciones que hace capítulo por capítulo un profesor de Historia de Zaragoza, Enrique Aznar Pardo, seguidor de la serie y creo que también asesora. Me parece muy interesante, nos muestra lo bueno y lo no tan bueno:
LUCES Y SOMBRAS
(Capítulo 17 - Segunda Temporada)
No sé por qué exactamente, pero el capítulo de hoy me ha parecido hasta el momento uno de los mejores. Es probable que sea porque en él he visto una vuelta de tuerca en ese proceso de “maquiavelización” del personaje principal de la serie. Es como si “Isabel” se estuviera “aborgiando”, no sé si me explico. Ya es evidente que no estamos ante una serie de “buenos” muy buenos y “malos” muy malos, y salvo Gonzalo Chacón, que es un pan candeal de media docena de kilos, los demás tienen todos su cara amable y su reverso tenebroso de la Fuerza. Y eso en una serie española siempre resulta una novedad interesante...
El cabroncete de Cabrera, por ejemplo. Con esa cara de niño bueno y con su esposa, Beatriz la “caratorta”, ahí lo tenemos: defraudando a Hacienda, practicando el nepotismo con su suegro (concesión de cargos “a dedo” a familiares) y cobrando “en negro” (o “en blanco”, ya que cobran en harina) como un Bárcenas cualquiera. Menudo elemento. Se conoce que ya no se fía ni de su padre, ni mucho menos de la propia reina, así que mira... “un grano no hace granero pero ayuda al compañero”. Muy bien traído. Sólo ha faltado verles abriendo una cuenta en Suiza...
La trama judía, hablando de Cabrera, se complica... Y es que en la serie asoma una vez más el antisemitismo de una forma clara y sin tapujos. No andemos con medias tintas, señores: la sociedad cristiana del siglo XV era ANTISEMITA. Hay que reconocerlo, han pasado más de 500 años pero las fuentes documentales, los sermones en los púlpitos de las iglesias, las novelas y poesías satíricas de la época lo gritan a los cuatro vientos. Y el hecho de que sea una actitud deleznable y condenable en nuestros días no quita para que en aquel entonces fuese algo perfectamente normal e incluso loable en determinados círculos especialmente fanatizados. Sólo teniendo bien claro esto podremos entender lo que ocurrió en 1492 sin decir idioteces ni llevarnos las manos a la cabeza...
Y bueno, basta como introducción, que me apasiono . Vayamos a por las...
LUCES
Interesante comienzo, con fray Hernando de Talavera leyendo el episodio bíblico del sacrificio de Isaac “tuneado” para que sea Isabel quien deba sacrificar a su hija. ¡Jodo con el cura! ¡Y más que lo vamos a ver metiendo la gamba! Me ha gustado mucho la frase de Fernando al comienzo del capítulo: “Quiera Dios que todas nuestras desdichas vengan del mundo de los durmientes, y no del de los despiertos”. Y no es por nada especial, simplemente por su sonoridad.
Por otra parte, también me ha parecido un acierto espléndido mostrar alternativamente escenas de la fiesta en el alcázar por el cumpleaños de Isabel junto a la ejecución de un noble por traición. Una de cal junto a la paletada de arena. Sangre y regalos. Estremecedor. Por cierto... no es nada fácil cortar una cabeza con un hacha, eh. Las crónicas nos hablan de que a veces el verdugo debía descargar hasta cuatro y cinco golpes antes de separar la cabeza del tronco (1). De la recomendación del rey Fernando para que Isabel pacte con Diego Pacheco en lugar de ejecutarlo... hablaremos luego. ¡Menudo bragazas, el “Pachequín”!
De nuevo el tema judío. Me gusta cómo lo están tratando, me parece un
modo muy equilibrado. Esta frase del alcaide Maldonado resume muy bien el fondo del problema: “A nadie le gusta pagar impuestos. Pero mucho menos si además es a un judío”. Si a ello le unimos la que dice Abraham Seneor al aceptar el cargo de recaudador mayor del reino: “¡Pelearé por cada maravedí que se le deba a esta corona!” (¡seguro!), comprenderemos que el conflicto estaba servido. Y sólo podía ir a más, paulatinamente...
Genial el episodio de la intervención de fray Hernando en las vida marital de los reyes, ese camisón cerrado y con un agujero para meter... bueno, eso, y la reconvención de don Fernando al fraile: “¡Aquí también se fornica por cuestiones de Estado!”. Espléndido. Y es que los curas, ya se sabe: como ellos no fornican (o no deberían), aquí todo el mundo a aguantarse... ¡Pues anda que lo tiene claro, doña Isabel, para no ponerse caliente con semejante semental en la alcoba!
¡COÑO! ¡GINÉS GARCÍA MILLÁN! ¡El marqués de Villena ha regresado! ¡Dos veces!
Juan II me encanta. A pesar de ser un machista, de despreciar a Isabel y de ser un viejo zorro lleno de tretas y tejemanejes políticos, me encanta. Y cada vez que menciona a Santa Engracia me da un alegrón... Bien le dice su hijo que “¡os valéis del afecto que os tengo!”. Por cierto: el nombramiento del pequeño Alonso como arzobispo de Zaragoza, con tan solo siete años, es perfectamente válido y posible: se trataba de un TÍTULO, que llevaba aparejadas unas RENTAS. Eso era lo importante. No se esperaba que cumpliese con sus obligaciones eclesiásticas (ni siquiera el voto de castidad, como bien podemos ver en el cardenal Mendoza).
A ver, don Fernando: “¡Preferís que reine un bastardo, con tal que sea un varón!”... cuidado con eso. Los bastardos no tenían por qué ser rechazados de la sucesión a la corona, de hecho podían tener los mismos privilegios que los hijos legítimos si el padre los reconocía (como es el caso de los hijos de Fernando con Aldonza). Recordemos que Enrique II de Trastámara, el iniciador de la dinastía castellana, era bastardo...
Maravillosas, las escenas finales de la muerte de doña Clara Alvarnáez, con ese Gonzalo Chacón siempre fidelísimo a doña Isabel y al que la propia reina define con unas bellísimas palabras: “Hombres como vos son los pilares de esta tierra”... Los pelos como escarpias, Precioso final... Y unos actores monstruosos. Todos ellos.
SOMBRAS
Bien... bien... bien... A ver cómo digo yo esto sin herir a la afectada y siendo fiel a mí mismo...
En este capítulo ha visto poquitas sombras. Por ejemplo, el arca que lleva Abraham Seneor para recoger los impuestos es una caja de zapatos en comparación con el cofre aherrojado que deberían llevar en unas parihuelas cuatro criados y acompañado por una escolta de al menos media docena de hombres. ¡Que son los impuestos del reino, copón! ¡Y un pajarito me ha dicho que al principio queríais llevarlos en un bolsaco de cuero al hombro, como un cartero en la Gran Vía en los años 60! ¡Hombre, por favor!
Pero la sombra gorda, gorda la he visto en Portugal. Lo siento, pero no. No hay manera. ¡Dios me libre de considerar a Carmen Sánchez una mala actriz! ¡Nada más lejos! Lo hace muy bien, se sabe su papel, actúa de la forma más convincente que puede, se “mete” en su personaje... pero no me la creo. De ninguna manera. Cuando se muestra tan decidida, tan déspota, tan imperiosa, entran ganas de darle una colleja y decirle “¡Cállate ya, niñata!”. Y la escena con su primo Juan, insinuándose e invitándolo a su alcoba... vamos. Me han parecido ridículas, absurdas e increíbles...
Y es que a los 13 años, en 1476, una niña era ya toda una mujer, estaba completamente formada y a menudo ya tenía hijos o estaba a punto de tenerlos. Y eso curte a una persona... Juana “la Beltraneja” debería haber sido sustituida en esta segunda temporada por una actriz por lo menos de 17-18 años. Y no, no me vale el razonamiento de que Juanita tuviera 14 años en 1476: Isabel tenía DIEZ cuando se trasladó a Segovia en 1461 y sin embargo ya estaba interpretada por Michelle Jenner en la primera temporada. Y Michelle es una chica espléndida, guapísima y jovencísima... pero 10 años me da a mí que no tiene. ¿Por qué empeñarse entonces en que la actriz que interprete a Juana “la Beltraneja” sea una niña de 1º de ESO?
En fin... A pesar de ello, repito, un capítulo fantástico. ¡Y la semana que viene vuelve el Gran Capitán y nos vamos ya a morolandia!
He dicho.