Registrado: 22 Abr 2015 18:57 Mensajes: 24177 Ubicación: España
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"Cuando llegó la paz en 1945, regresamos a Roma y Jaime volvió a hacer su vida, dejando deudas por todas partes, por lo que los acreedores acudían a mí para que fuese yo quien las saldara. Venían a cobrar de los bares que frecuentaba, y también de otros muchos lugares, y a mí no me quedaba más remedio que pagar. Esto me hacía pasar unos momentos horribles.
[...]
Llegó un momento en el que no aguanté más. Me encontraba sola, sin ayuda, sin nadie que pudiera aconsejarme, y tras la humillantes carta publicada en la Gazette, decidimos separarnos.
En sus memorias, claro, Jaime exolicó todo como le vino en gana y únicamente desde su perspectiva. ¿Quién las redactaría? Entre otras muchas cosas, me acusó de mantener relaciones con otros hombres. El verano anterior a abandonar el domicilo conyugal, en un ataque de lástima y arrepentimiento, le dije que si él quería me quedaría en casa. Pero me contestó que no. Durante años hubo un testigo de esta breve conversación entre nosotros, ya que yo le formulé la pregunta ante mi doncella, que en aquellos momentos preparaba mis maletas.
En más que probable que para entonces Jaime ya hubiera conocido a Charlotte Tiedeman, a quien yo tuve la suerte de no ver en mi vida. La gente que piensa que su profesión tenía algo que ver con el bel canto está muy equivocada. Era, más bien, la artista de un café-chantant al que acudía Jaime con frecuencia inusitada y donde, por supuesto, la conoció. También trabajó como modelo para la casa de automóviles Ford. Charlotte era alemana, de origen no humilde, sino bajo, y a ello había que añadir los ambientes en los que se había movido. Teniendo en cuenta todo esto, puedo imaginarme cómo debía de ser la mujer en cuestión. Me río cuando leo en alguna publicación que ella le enseñó a Jaime a leer los labios y que, también, se preocupaba de su dicción y trataba de mejorarla. Una vez que contrajo matrimonio civil con él, se hizo llamar Duquesa de Segovia. No es que no la entienda. ¿Cómo iba a pensar ella que su matrimonio no era legal a esos efectos? Ella también fue engañada.
Y es que por entonces, a causa del enlance civil entre ellos celebrado en Innsbruck en 1949, a la familia de Jaime le cayó un incómodo problema encima. No era en absoluto adecuado que Charlotte fuera por el mundo haciéndose llamar Duquesa de Segovia. Ellos no podían consentirlo, ya que suponía un descrédito total para la Casa. A mí, estando separada, no se me pcurría utilizar el título porque sencillamente, me parecía fuera de lugar. Esto es algo que ellos no debían conocer. Sea como fuere, sé que existió una reunión entre Juan, mis cuñadas Beatriz y Cristina y también otros tíos y primos de ellos que eran infantes de España en la que se vieron obligados a resolver quién era, finalmente, la Duquesa de Segovia: la alemana o yo. Decidieron, supongo que muy a su pesar, que era a mí y no a la cantante a quien correspondía dicho título, y así optaron por acatar aquello que, al respecto, la Iglesia Catoólica y, por tanto, el gobierno español reconocían: que nuestro matrimonio era indisoluble, es decir, que yo era la única esposa oficial de Jaime.
[...]
Por cierto, Charlotte tenía una hija de una relación anterior que, un buen día, pasó a llamarse Borbón. Esto se lo ha oído decir a Jaime. Por fortuna, nunca supe nada más de ese ser. Creo que al morir su madre ella desapareció del mapa.
Alguna vez llegué a oír que, viviendo Jaime en París, estaba tan necesitado de dinero, tan apremiado, que vendió o empeñó el collar del Toisón de Oro. Podría ser. Yo no no lo afirmo ni lo niego, pero el hecho no me parece increíble, ni mucho menos, con el tipo de vida lujosa que, según mis hijos, llebavan él y su nueva esposa. Como yo no estaba junto a Jaime, prefiero no opinar acerca de esta actitud. No soy quien para juzgar. Sí es cierto que debió ser algo más que un rumor ya que, según afirmaban, fue Areliza, entonces embajador de España en París, quien una vez avisado de lo ocurrido se encargó de recuperar el Toisón.
En cualquier caso debo afirmar que, a pesar de nuestro abismal desencuentro como amtrimonio, yo al igual que Crista siempre consideré que Jaime, con todos sus defectos -que no eran pocos-, en su fueron interno era el mejor de todos los hermanos: un poco infantil pero, sin lugar a dudas, también el más bondadoso. En su familia era conocido como <<El Serenísimo>>. Le llamaban así por su carácter pacífico. Era un hombre que, con la edad, pasó a llevar una vida más tranquila. También sé que, ya en su madurez, bebía mucho menos que cuando vivíamos juntos. Naturalmente, al no salir de noche sus horarios eran más normales. Madrugaba y paseaba con sus perros, a los que siempre profesó un profundo cariño.
Aquel segundo matrimonio de Jaime con Charlotte fue, verdaderamente, un desatino. Aunque no puedo ocultar que el mío, si cabe, resultó aún peor. Mi segundo marido, el italiano Antonio Sozzani, era un hombre inteligente, agente de Bolsa, que trabajaba en un prestigioso banco con total dedicación. Me casé con él en 1949 y mantuve la ilusión y la esperanza con respecto a su persona durante un corto espacio de tiempo. Lo cierto es que jamás debí dar aquel paso, pero ¡me sentía tan desesperada y tan sola!
Conocí a Antonio en Lausanne, cuando viví allí durante la guerra. Él es de Milán. Eso sí, quiero aclarar que es rotundamente falso lo que se ha escrito sobre cuándo nos conocimos. Fue en Suiza, insisto, y no en Roma mientras vivía con Jaime. Estuvimos juntos muchos años; más de los que deberíamos haber estado. En mi familia política sentó muy mal que me volviera a casar, pero mentiría si no afirmara con rotundidad que, después de semejante experiencia, mis cuñados mantuvieron conmigo una relación cariñosa y afectiva.
Mi error, desde luego, fue inmenso. La equivocación de mi vida. De haber sido algo más experimentada, me habría dado cuenta enseguida de que es matrimonio resultaba innecesario y que, para mí, era mucho mejor tenerlo como amante. Nunca tendría que haber ligado mi vida a la suya de manera oficial. Cuando alguien es tan joven como yo lo era, la ingenuidad o la necesidad de creer que todavía una tiene derecho a ser feliz me traicionó. Además, él se comportó muy mal conmigo. ¡Qué mala suerte he tenido en el amor! También a él le perdían las mujeres. Siempre la misma historia. De alguna manera me sentí burlada, porque no tenía más remedio que reconocer que Tonino era muy parecido a Jaime. Mis hijos, que sentían un gran respeto hacia mí, lo aceptaron; pero no así Jaime, que de pronto se presentaba en casa y provocaba escenas desagradables. Son esasísimos los buenos recuerdos que conservo de aquella época. Por eso creo que no merece la pena rememorarla.
En general, Tonino se llevó bien con mis hijos y entre ellos mantuvieron una buena relación. Un día fui a ver a Sozzani padre y le dije todo lo que tenía que decirle. Él me respondió que, bajo ningún concepto, aprobaba la forma en que su hijo me trataba. Yo callaba. Al parecer sabía muchas cosas por su hija, la hermana de Tonino, que me quería mucho. También tenía un hermano muy simpático y muy deportista. Él no lo era. En realidad era un cobarde. Y vivir con un cobarde es horrible.
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Ahora Tonino y yo no nos vemos, pero mantenemos cierta relación aunque lejana. En Navidad me envió unas rosas. Le llamé para agradecerle su gesto y se quejó porque tenía gripe. Siempre fue muy hipocondríaco. En la actualidad mantiene una relación por estar acompañado. Todos sus familaires próximos, que lo soportaban, han muerto. Y él, al parecer, está incapacitado para vivir solo.
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Fue él quien quiso separarse. Lo hicimos legalmente y no sólo de hecho, como se ha afirmado. Un prestigioso abogado gestionó nuestra separación y me sentí francamente aliviada cuando aquella historia terminó. <<Al fin sola!>>, pensaba yo, a pesar de todo.
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Al ser yo católica practicante, tampoco para mi conciencia fue válido mi segundo matrimonio. Por tanto no me queda más remedio que reconocer que conviví de hecho con Tonino. Me aprece una idea horrible, porque mis principios morales siempre me han impedido algo así y yo, aun siendo consciente de ello, los pasé por alto. Las dos convivencias que con distintos hombres he mantenido no resultaron ser nada fáciles. ahora bien, creo que en una pareja lo fundamental es mantener la amistad y el respeto, que es lo último que debe perderse. Mientras estuve con Tonino firmaba únicamente como Emanuela, no como Sozzani. Tampoco utilizaba, como es lógico, el ducado de Segovia".
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