Bocetos de los zapatos diseñados por Rayne para la visita de Estado a los Países BajosPara el calzado, la Reina confió en la firma familiar Rayne, que obtuvo su Royal Warrant en 1936 gracias a la Reina María. Los zapatos Rayne eran delicados y exquisitamente cómodos, una consideración importante para la realeza, que puede pasar varias horas de pie.
Después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Edward Rayne se puso a los mandos de la empresa, logró convertirse en una de las marcas de zapatos más célebres de Europa, abasteciendo a figuras de la talla de Marlene Dietrich, Elizabeth Taylor, Vivien Leigh y Diana Rigg, así como a las damas de la Familia Real. Rayne trabajó con diseñadores como Roger Vivier, Jean Muir, Mary Quant, Bill Gibb y Bruce Oldfield, además de
modistos británicos y franceses.
Cena de gala en el Palacio Real de ÁmsterdamSin embargo, Edward Rayne causó consternación cuando en un viaje a Nueva York en 1947 reveló accidentalmente la talla de calzado de la Princesa Isabel a un periodista. Un detalle considerado tan fascinante que salpicó los periódicos de Estados Unidos y Gran Bretaña. La indiscreción no tuvo consecuencias, dado que siguió haciendo zapatos para la Reina durante cuarenta años. Realizó sus zapatos de novia —se fabricaron tres pares en caso de desastre— y sus zapatos de Coronación, que fueron diseñados por Roger Vivier.
Rayne asistía a la Reina entre cuatro y seis veces al año, generalmente cuando se requerían zapatos para giras u ocasiones de Estado. Éstos eran cuidadosamente creados para complementar los diseños de sus
modistos, como indica la selección de bocetos para la visita de Estado a los Países Bajos de 1958.

Los zapatos se cuidaban con esmero y se llevaban tanto tiempo como fuera práctico. Para evitar rozaduras, se estrenaban con antelación o Angela Kelly, asistente de la Reina a partir de los 90 y quien tenía la misma talla de pies que ella, los calzaba para darlos de sí.
Para la cena de Estado celebrada en el Palacio Real de Ámsterdam, la elección recayó sobre un vestido confeccionado en satén duquesa de color amarillo pálido y turquesa, con falda de crinolina y corpiño de un solo hombro. La misma línea se repite en un panel de satén fruncido a lo largo de la falda. Está adornado con encaje de cinta con motivos florales estilizados, bordado con abalorios, lentejuelas y cristales.
El taller de bordado de Hartnell siempre trabajaba con maestría el encaje de cinta, ya que su forma permitía que no tuviera que diseñarse y cortarse como el encaje normal, sino que la bordadora podía incorporarlo al diseño con mayor libertad. La combinación de colores de este vestido resulta inusual, pero los tonos se eligieron específicamente para combinarlos con los colores de la banda de la Orden del León Neerlandés: azul oscuro y dorado.
Satén duquesa, encaje, lentejuelas, abalorios, cristales - Norman Hartnell