Hasta la Ley del Registro Civil de 1870 no es fijo el uso de los dos apellidos paterno y materno, y se podían
modificar o unir, sin necesidad de acudir a autorización después de un expediente legal.
Existían determinadas costumbres, que variaban según el lugar, que en general utilizaban el del abuelo paterno para el 1º hijo varón, el del materno para el 2º. El de la abuela paterna para la 1ª hija etc.. Conservando en alguna casa noble el patronímico.
Así:
Don Iñigo López de Mendoza ( I Marques de Santillana), fue hijo de el Almirante don Diego Hurtado de Mendoza, y nieto de don Pedro González de Mendoza, y de doña Leonor de la Vega, hija de don Pedro Lasso de la Vega. Se casó con una hija del Maestre de Santiago don Lorenzo Suárez de Figueroa.
Los hijos de los marqueses fueron:
- Diego Hurtado ( I duque del Infantado) como su abuelo paterno;
- Iñigo Lopez (I Conde de Tendilla) como su padre;
- el gran Cardenal Mendoza- Pedro González; como su bisabuelo paterno
- Lorenzo Suarez (I Conde de Coruña) y como su abuelo materno
- el quinto, (I Señor de Mondéjar) Pedro Lasso. como su bisabuelo materno.
En Castilla son frecuentes los mayorazgos que imponen uso de apellido y armas. La Emperatriz Eugenia, por ejemplo, se apellidaba Guzmán, su hermana mayor la Condesa de Montijo, Portocarrero, y el abuelo paterno de ambas Palafox. La razones de estos cambios eran que en la casa de Ariza había que llamarse Palafox, en la de Montijo, Portocarrero, y en la de Teba, que tocó a la Emperatriz Eugenia por incompatibilidad de su mayorazgo con los demás de su hermana mayor, el poseedor estaba obligado a llamarse Guzmán.