Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

Reglas del Foro


Por favor, no más de 4 imágenes por mensaje. Evitad sobrecargar la página. Muchas gracias a todos.



Nuevo tema Responder al tema  [ 376 mensajes ]  Ir a página Anterior  1 ... 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22 ... 32  Siguiente
Autor Mensaje
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 08 Dic 2025 10:06 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 18 Jul 2012 14:27
Mensajes: 44354
4. 100 millones de la lámpara de Aladino

El dinero es otro capítulo ominoso en el relato de los hechos en Reconciliación. "Con 82 años y casi 40 como jefe de Estado me encontré sin apoyo". Sólo en la Navidad de 2020 y en su cumpleaños del 5 de enero de 2021.

Como advirtió Schopenhauer, la existencia de un hombre son 40 años de vida y el resto de comentarios.

¿Cuántos comentarios despertó el asunto de los 100 millones recibidos en 2008 del rey Abdalá, desde Arabia Saudí, en la cuenta oculta de Juan Carlos en Suiza, descubierta años después y convertida en un tsunami periodístico?

Así lo relata para reconciliarse con los españoles: "Admito que 100 millones son una suma considerable", tras advertir que no procedieron de una mordida a empresarios españoles tras conseguir para ellos una obra de 6.000 millones por el tren a Riad.

"Es un regalo que no podía rechazar. Un grave error. Me habría permitido atender las necesidades de mi esposa 'Sofí' y de mis dos hijas".

En realidad, él no quería hacerlo. Fue por ellas, aunque al final -como se sabe- los millones acabaron en las Bahamas, en manos de Corinna. "Y no tener que preocuparme por una jubilación lejos de la vida oficial española".

El narcisista siempre encuentra justificaciones.

"La cortesía de nuestros códigos culturales no se corresponde para nada con la de ellos. Y más teniendo en cuenta que, desde hace miles de años, los reyes se hacen regalos como gesto de amistad. Los dones y contradones están en el centro de las relaciones entre países".

Y así acaba la historia del dinero y de los 100 millones. En este capítulo no se mencionan otras donaciones en Suiza, como la herencia de don Juan, tras morir en 1993. A la parte recibida por su hijo y heredero de la Casa Real, la más sustanciosa, se le pierde la pista.

De la manera más innoble posible, Juan Carlos I adujo años después, tras una exclusiva de Ana María Ortiz en el suplemento Crónica, que su parte "la utilizó para pagar las deudas de su padre". Así se escudó de la evaporación. De hecho, en las memorias dice: "Mi padre nunca fue buen inversor."

5. Suárez, el 23-F y el asesinato de Carrero

Llama poderosamente la atención algo que explica y no explica sobre el extraño asesinato del presidente Carrero Blanco, el 23 de diciembre de 1973, producido casi en las puertas de la embajada de EEUU en Madrid. Los etarras excavaron un túnel para poner la dinamita sin que nadie los detectara.

A Carrero, "un monárquico autoritario", le sucedió como presidente Arias Navarro, "un franquista radical", como los define Juan Carlos. Arias Navarro fue en su momento director de la Dirección General de Seguridad (la temida DGS) y alcalde de Madrid.

"Quedan misterios por resolver", puntualiza el memorialista.
¿Y en el 23-F quedan rincones oscuros? "Si hubo un político que cumplió todas sus promesas fue Adolfo Suárez". "Yo era el jinete que trataba de mantenerla a raya (a una España como un caballo al galope), de impedir que se desviara demasiado a la izquierda o a la derecha".

"Tenía una brújula y una dirección y dos eficaces aliados, Torcuato Fernández-Miranda y Adolfo Suárez".

"El país necesitaba un relevo y nuevos protagonistas. Cuatro años de poder y de crisis habían agotado a Adolfo Suárez (…). No es necesario ni obligatorio que dimitas (…). Todos los partidos tramaban en secreto para llenar el vacío de poder tambaleante (…). Decididamente, todos estaban jugando con fuego y yo me di cuenta demasiado tarde (…). Yo no tenía poder ejecutivo para actuar (…). No hubo un solo golpe de Estado sino tres. El del teniente coronel Tejero y el general Milans del Bosch. El de Armada, que fue doloroso en el plano personal. Y el de los falangistas que quisieron acoplarse a los dos anteriores".

"Quiero dar mi versión. No tengo nada que ocultar". En la atropellada versión del jefe del Estado en la noche oscura del 23-F, nada nuevo aporta, salvo la constatación de que Juan Carlos quería quitarse "de encima a este tío" -no lo dice así- , a Adolfo Suárez.

Adolfo Suárez, un verdadero héroe, la tarde del 24 de Febrero, según el libro de Pilar Urbano, La gran desmemoria, amenazó a Juan Carlos I con retirar su dimisión. Cuenta la periodista que se sintió engañado por Juan Carlos I "porque tú lo sabías todo", le habría dicho.

De ser cierto, sería una especie de cuarto golpe del que Reconciliación no habla. Supuestamente, según Urbano, el entonces rey estuvo en la urdimbre de todo. Lo cierto es que Juan Carlos I, con su fórmula sintética mágica, se convirtió en el heroico rey de la democracia. Como debería haber pasado a la Historia si no fuera por sus múltiples tropiezos conocidos.

CODA.

En unas Memorias todo es dudoso, arbitrario y desmemoriado. Más para un narcisista de libro. Todo menos el testamento final. El de Juan Carlos I, el padre del rey, viene al despedirse. Es el siguiente.
Más allá de que no le roben su historia, lo que pide a través de Reconciliación es ser enterrado "allí", en El Escorial, "con honores". Con los suyos, en el Panteón de los Reyes.

"Sé que está lleno. Hay sitio para construir uno. De momento creo que no está nada decidido. ¿Qué decidirá el Gobierno?", vacila el autor en el mayor reconocimiento, en 500 páginas, del papel superior del poder ejecutivo, el del pueblo, incluso sobre el destino final del cuerpo de un rey muerto en vida.

https://www.elespanol.com/reportajes/20 ... 686_0.html


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 08 Dic 2025 11:43 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 22 Abr 2015 17:57
Mensajes: 23527
Ubicación: España
Arearea escribió:
Dios Clara no sé si estás leyendo el libro en papel o en un libro electrónico pero menudo curro.


Electrónico gracias a David. Mi madre en papel. (grin)

Yo he llegado al punto de la resignación. El Rey JC va a cumplir 88 años y ya no va a cambiar. No hay nada que hacer. Su entorno aplaude estas cosas que en nada le benefician y él ha dejado de leer la prensa española. No hay esperanza. Tampoco creo que el Rey pueda hacer más de lo que está haciendo.

Estos días me estoy dedicando a ver qué opina la prensa más conservadora, la que antaño habría sido más benevolente con él. Como este artículo que nos acaba de traer Ana. En esta época de polarización, izquierda y derecha está opinando más o menos lo mismo, de forma constructiva, sin destrozar. No como los extremistas que aprovechan algunas de sus afirmaciones para hacer política y deslegitimar la Transición. Ese es el consenso que el Rey JC ha logrado esta vez.

Por ejemplo, este pódcast de un medio claramente conservador, es pausado, crítico, pero constructivo con él. Espero que estos días esté viendo y leyendo este tipo de cosas y reflexione.

phpBB [video]


Por cierto, la Griso ha cerrado entrevista con Debray para esta semana.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 08 Dic 2025 16:58 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 27 Abr 2020 10:14
Mensajes: 3236
Cada vez que leo esa frase de "Letizia no contribuyó a la cohesión familiar" pienso en lo cínico que puede ser. Él, que dedicó más tiempo a sus amantes y al hijo de una de ellas que a su propia familia. Él, que habla de los 100 millones que pensaba utilizar para poder atender las necesidades de su familia cuando se los regaló a su última amante.

Espero que Susana Griso haga una entrevista en la que incida en todas esas contradicciones y todos los aspectos que ha decidido omitir para atacar a su hijo y a su nuera. Demasiado benevolentes han sido los reyes no retirándole la invitación a la celebración familiar que tuvo lugar al día siguiente de la imposición del toisón de oro a la reina Sofía. Bueno, a él y a esos familiares que tanto las aplaude. Desde luego que los reyes hicieron más que bien en distanciarse de semejantes familiares.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 08 Dic 2025 19:09 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 22 Abr 2015 17:57
Mensajes: 23527
Ubicación: España
Este capítulo es una delicia, sobre todo ahora que estamos en pleno furor "Ena". Me ha resultado dificil seccionar o eliminar partes. Cuenta aspectos de sus abuelos que nos permiten conocerles mejor. También de su padre, Don Juan. Desconocía que había ayudado a la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial.

Menciona que su abuelo, Alfonso XIII, tenía un diario. Me parece interesante, a lo diarios de la Reina Victoria, aunque aquellos fueron rebanados por su hija Beatriz.

Según el Rey Juan Carlos, Eduardo VII advirtió a Alfonso XIII sobre lo de la hemofilia. Las memorias se suman al debate de estos días. :mrgreen:



Fragmentos de la Segunda Parte. Capítulo 1

***


Yo no nací en un palacio de España como todos mis antepasados. Nací en el exilio, en Roma, el 5 de enero de 1938. Dos meses antes de lo previsto. ¡Debía de tener mucha prisa por llegar aquí! Mi país se desgarraba desde el 18 de julio de 1936 en una sangrienta Guerra Civil entre el bando republicano, formado por los leales al régimen de la Segunda República, socialistas, anarquistas y comunistas, ayudados por la URSS, y el bando nacionalista, que se levantó militarmente contra la República, apoyado por la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini y cuyos integrantes recibieron el nombre de «sublevados». Este dramático conflicto duró hasta el 1 de abril de 1939, y dejó al país devastado y exangüe en manos del general Francisco Franco, que ejerció un poder absoluto.

[…]

Tras las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, que les dieron la victoria a los candidatos republicanos en las principales ciudades de España —el voto rural se mantuvo favorable a la monarquía—, mi abuelo Alfonso XIII decidió exiliarse para evitar un derramamiento de sangre, sin renunciar a sus derechos a la Corona. (…) Su mujer y sus hijos fueron retenidos como rehenes durante dos días en el Palacio Real en pleno centro de Madrid. El Gobierno temía que mi abuelo conspirara para recuperar el trono. Antes de partir, había destituido la Guardia Real para evitar cualquier derramamiento de sangre. No quería ser responsable del estallido de una guerra civil. No quedaba nadie más para proteger el Palacio Real de los amotinados que se habían agrupado en el patio interior, y que simulaban ahorcar a la Familia Real. Mi abuela, sus hijos, el ama de llaves, el cocinero francés y las dos únicas damas de compañía que permanecieron a su lado se refugiaron en una habitación. La leyenda familiar cuenta que el embajador de Estados Unidos en España, que estaba enamorado de mi abuela, renunció a su puesto para ir al palacio, armado, y vigilar su puerta. La llamaba «my queenie», «mi reinita». Había importado para ella, desde Estados Unidos, el primer secador eléctrico para su larguísimo cabello, que siempre llevaba recogido en un moño. Dos días más tarde, la familia pudo reunirse por tren con mi abuelo en París. Se les permitió llevar una maleta por persona. (…) Al cabo de unos meses, el Gobierno español les envió ropa de recambio, pero confiscó todos sus bienes. Luego el Gobierno francés les pidió que abandonaran París. Se instalaron en Fontainebleau antes de aceptar una invitación del rey de Italia, Víctor Manuel III.

Por desgracia, no tengo ningún recuerdo de mi abuelo. Murió cuando yo apenas tenía tres años. Mi padre hablaba poco de él. (…) Se dice que tenía una fuerte personalidad, que era muy cariñoso con sus amigos y muy seductor con las mujeres, ¡como muchos Borbones! ¿He heredado yo ese rasgo de carácter? «Era un hombre difícil, pero me hizo Reina de un gran país», me confesó mi abuela, que no había sido feliz en la corte española, probablemente muy cerrada y esclerosada, además de dominada por la reina madre, María Cristina de Austria, que no veía con buenos ojos que su nuera fumara o se pusiera un bañador para nadar en el mar. Mi abuela era muy moderna para su época. Mi abuelo tenía fama de ser un excelente jugador de polo y se interesaba por los avances técnicos de la época, que intentaba introducir en su país. No le disgustaba dejar el palacio para salir al encuentro de la gente, como lo demuestra su trashumancia a caballo y en burro, con médicos, para apoyar a los habitantes de una de las comarcas serranas más precarias y remotas, Las Hurdes, al norte de Extremadura. Creo que intentó ayudar a su país lo mejor que pudo.

Nació Rey, porque su padre murió antes de que él naciera. Este estatus desde una edad temprana debió forjar en él un carácter difícil. Una de mis primas italianas, Olimpia de Torlonia, me contó que su madre, la infanta Beatriz, había sufrido por su actitud a veces brusca de su padre hacia ella. Podía ser hiriente, pero no sé si era deliberado. En cambio, su otra hija, la infanta María Cristina, que no se dejaba amilanar como su hermana, se divertía con él. Mi abuelo tenía un gran sentido del humor e ingenio, y le gustaban las conversaciones animadas. Tenía facilidad de réplica. (...) Había apoyado los esfuerzos bélicos del bando sublevado, al que estaba asociada la corriente monárquica. (...) Pero fue lo suficientemente lúcido como para darse cuenta de que la victoria de los sublevados no significaba la restauración de la monarquía. Nunca lo superó. Designó sucesor a su cuarto hijo, don Juan, mi padre, el único varón sin una minusvalía entre sus descendientes, y murió a las pocas semanas. De tristeza.

Mi abuela, la reina Victoria Eugenia, nieta predilecta de la célebre reina Victoria del Reino Unido y emperatriz de la India, con quien se crio en el castillo de Balmoral, introdujo la hemofilia a la familia. Fue un sufrimiento terrible que ella vivió como una maldición. El rey Eduardo VII advirtió a mi abuelo al respecto, pero él había caído bajo su hechizo. Mi abuela tenía unos ojos azules, grandes y claros, y una piel blanca y fina. Se decía que era una de las princesas más bellas de Europa. Ella tenía dieciocho años y él diecinueve. Nadie quería que se casaran, pero nada pudo impedirlo. Mi abuela tuvo que convertirse al catolicismo, y la emperatriz de Francia, Eugenia de Montijo, fue su madrina de bautismo. Tras el nacimiento de sus hijos, la desolación desgarró a la pareja. La hemofilia será un tema tabú en nuestra familia.

[...]

Mi padre recibió un telegrama de su padre durante una escala del buque británico Enterprise, del que era oficial, en Bombay: «Por renuncia de tus dos hermanos mayores, quedas tú como mi heredero. Cuento contigo para que cumplas con tu deber». Tardó ocho días en responder. Tenía veinte años y debía renunciar a su carrera en la marina por una corona incierta. Creo que fue doloroso. (...) «El oficio de Rey no es algo que se herede. Es algo que se lleva dentro», solía decirme. Me lo recordaba en una de sus cartas: «Vas a consagrar el resto de tu vida al servicio de España. (...) Procura ser amable con todos e interesarte por todo. La gente te juzgará por los detalles y es preciso cuidarlos porque aquellos a quienes nos dirigimos, y que ponen su esperanza en nosotros, merecen toda nuestra atención y nuestro respeto». (...) Sé que crecer con un destino impuesto como heredero de la Corona puede ser agotador. Felipe debía formarse para convertirse en el primer y mejor servidor de los españoles y de la Corona. Desde entonces, nunca ha faltado a su misión y nos ha hecho sentir orgullosos a todos.

[...]

En 1935, el mismo año que su hermano Jaime y su hermana Beatriz, mi padre se casó en Roma con su prima, María de las Mercedes de borbón-Dos Sicilias y Orleans, descendiente directa del rey Luis Felipe de Francia por vía materna y del último rey de las Dos Sicilias por vía paterna. Su padre, Carlos, se nacionalizó español para casarse con la hermana mayor de Alfonso XIII, María de las Mercedes de borbón. Ya viudo, se casó por segunda vez con Luisa, última hija de Felipe de Orleans, conde de París. De sus cuatro hijos, mi madre María de las Mercedes, fue la tercera. Creció en Sevilla, donde su padre ocupaba el cargo de capitán general de la región. Siempre estaría muy apegada a sus raíces andaluzas. Cuando se proclamó la República, la familia huyó a Italia antes de trasladarse a Francia. Mis padres se instalaron en Cannes, en la Costa Azul, con mis abuelos maternos, Carlos y Luisa. Allí se enteraron de la muerte en combate del hermano de mi madre, Carlos, el primer miembro de la Familia Real fallecido en la Guerra Civil. Carlos era un artista y acababa de comprometerse en París cuando estalló la guerra. Cruzó la frontera española y, tras muchos avatares, se presentó voluntario en el puesto de la Comandancia Militar de Pamplona. Lo alcanzó en la frente una bala perdida. Nadie pudo asistir a su entierro. Fue un dolor inmenso para mi madre. Mi padre también intentó alistarse, pero fue evacuado tras cruzar los Pirineos. Franco alegó que era necesario «preservar la vida del heredero del trono para cosas más importantes». ¿O es que temía que don Juan alcanzara mayor legitimidad que él? Mi padre perdió muchos amigos en este conflicto. La guerra asoló a todas las familias, algunas de las cuales llegaron a enfrentarse en dos bandos irreconciliables, con crueles oposiciones que estallaron hasta el extremo de matarse entre sí. El horror de la guerra civil reside en el enfrentamiento fratricida. Es en ese contexto dramático que mis padres construyeron su familia.

[...]

No tengo recuerdos de mis primeros años en Roma. De la noche a la mañana, en 1941, nuestro padre nos metió a todos en su hermoso Bentley negro, un coche donado por los monárquicos en 1935, y nos llevó a Suiza, país neutral, donde se había instalado la reina Victoria Eugenia. De allí son mis primeros recuerdos, de Lausana, a orillas del lago Lemán.

[...]

Me acuerdo de que jugábamos en los columpios con mis primos, que se habían ido de Italia como nosotros, en los jardines del Hôtel Royal de Lausana. También trepábamos a los árboles. Éramos unos niños muy alegres y ruidosos. Fue en este hotel, justo enfrente de la casa de mi abuela, donde nos alojamos al llegar, antes de instalarnos cerca, en una casa llamada «Les Rocailles», camino de Roseneck. Por la noche, oíamos las sirenas que anunciaban los bombardeos del lado francés. Estábamos al abrigo del conflicto, pero fue una época de penurias e incertidumbre. Aquellos que tienen recuerdos de la guerra nunca vuelven a ver la vida de la misma manera. Recuerdo los cupones de racionamiento y la dificultad para conseguir provisiones. Y sé que en Suiza éramos muy privilegiados. Mi hermana mayor, la infanta Pilar, me contó que, durante los bombardeos en Francia, nos subíamos a una silla y abríamos a escondidas las cortinas para ver las luces de los aviones en el cielo. Yo le preguntaba: «¿Crees que los alemanes nos verán si abrimos justo un poco más las cortinas?». Evidentemente, no éramos conscientes del peligro ni de las tragedias que provocaban aquellos bombardeos. Mucho más tarde supe que mi padre pasaba armas a la Resistencia a través de los Alpes. Con su cuñado, el conde de Marone, partían con unos cuarenta kilos a la espalda, en la nieve, en el frío, de noche, en misiones de aprovisionamiento. Me habló del ruido de las botas alemanas cuando se escondía en las montañas. Es un sonido que nunca pudo olvidar. Nunca tuvo tanto miedo como cuando los perros alemanes se acercaban a su escondite. Aún tenía sudores fríos cuando me lo contaba treinta años después. Nunca se supera la experiencia de una guerra.

Yo entonces hablaba francés con acento suizo. Incluso hoy sueño en francés, y cuento en francés. Fue mi primera lengua, aunque mis padres me hablaban en español. Mi abuela hablaba inglés con sus hijos y español con sus nietos. No quería olvidarlo, lo practicaba siempre que podía. Tenía un ligero acento inglés y cometía algunos errores, como decir «el radio» en lugar de «la radio». Nuestra institutriz suizo-alemana nos reñía en francés. Entre primos, hablábamos italiano. He conservado la capacidad de hacer malabarismos entre varios idiomas y diferentes culturas porque crecí en ese ambiente familiar abierto y cosmopolita, que creo que me ha hecho capaz de adaptarme a todas las circunstancias.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 08 Dic 2025 19:47 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 22 Abr 2015 17:57
Mensajes: 23527
Ubicación: España
Al final de la Segunda Guerra Mundial, los monárquicos españoles confiaban que Franco, al que habían apoyado con esa esperanza, restaurara la monarquía borbónica. Mi padre, don Juan, estaba por su parte convencido de que los Aliados se asegurarían de esa restauración. España se había mantenido neutral durante el conflicto, pero Franco había confraternizado con Mussolini y Hitler. Así que Lord Louis Mountbatten, primo suyo por parte de madre y último virrey de la India británica, le pidió a mi padre que, en nombre de los Aliados, hiciera una declaración pública contra su régimen. El 19 de marzo de 1945, don Juan publicó el «Manifiesto de Lausana», en el que denunciaba los orígenes fascistas del régimen de Franco y le instaba a dimitir en favor de una monarquía constitucionalmoderada que incluyera a todos los partidos políticos, también al Partido Comunista. Quería encarnar al Rey de la reconciliación nacional, con una misión pacificadora. Un mes antes, en la Conferencia de Yalta, las grandes potencias vencedoras se habían mostrado favorables al principio del restablecimiento de la Corona española. Mi padre se preparaba para convertirse en el rey Juan III, al frente de una monarquía acogedora para todos y sostenida por el esfuerzo de todos. Pero el presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt, su firme partidario, murió y fue sustituido por Harry S. Truman. En la Conferencia de Potsdam, en el verano de 1945, Truman y los demás Aliados abandonaron a mi padre. Ante el ascenso del comunismo, Estados Unidos no estaba dispuesto a asumir ningún riesgo estratégico con una monarquía frágil y abierta a todos los partidos políticos, incluidos los comunistas. En el nuevo contexto de la Guerra Fría, mi padre representaba una opción arriesgada.

[...]

Portugal era un país próximo a España no solo geográficamente, sino también en cuanto a clima y estilo de vida. Contaba con buenas infraestructuras y, desde el punto de vista económico, estaba bien desarrollado, ya que su neutralidad durante la guerra lo había protegido. Los españoles iban allí a comprar café y otros productos de primera necesidad de los que carecían. Imagino que mi padre pudo contar con la buena acogida de António de Oliveira Salazar, antiguo profesor de economía que llegó a ser presidente vitalicio del Consejo, y que acogió a muchos exiliados en la posguerra. Mis padres vivieron en Estoril más de treinta y cinco años. Incluso les ofrecieron la nacionalidad portuguesa, que ellos declinaron. Y durante la Revolución de los Claveles en 1974, aunque algunas personas les instaron a marcharse, mis padres nunca se plantearon la posibilidad de trasladarse. Las autoridades portuguesas de todo signo siempre les mostraron una gran deferencia. Solo en 1982, ante mi insistencia, regresaron por fin a su patria y se instalaron en una discreta casa a las afueras de Madrid. Allí siempre nos sentimos bienvenidos.

[...]

Mientras toda mi familia se trasladaba a Portugal, yo me quedé solo en Suiza. Acabé en Friburgo, una bonita ciudad medieval de tejados rojos al pie de los Alpes, para continuar mi educación en Villa Saint Jean, un internado dirigido por padres marianistas. Era un colegio de gran renombre que promovía tanto el estudio como las actividades al aire libre. El famoso piloto y escritor francés Antoine de Saint-Exupéry estudió allí. ¡Mucho antes que yo, por supuesto! El ambiente era estricto, reflejo de la educación de la época. No recibí ningún trato especial, ¡todo lo contrario! Aún recuerdo a los profesores dándonos golpes sobre los nudillos con una regla y poniéndonos en un rincón toda una tarde para castigarnos. A veces me encerraban solo en clase para obligarme a repasar las lecciones. Hice un amigo, Dominique Allard, con el que me escapaba para ir a la tienda de golosinas.

[...]

Aquellos años en el internado fueron mi primera experiencia alejado de mi familia Allí descubrí el amargo sabor de la soledad, después de haber crecido rodeado de mis primos y hermanos. El contraste era realmente radical. No fue fácil. Sobre todo porque por entonces las comunicaciones telefónicas eran excepcionales y esporádicas. Mi hermana, la infanta Pilar, me contó más tarde que mi madre quería llamarme, pero que mi padre no la dejaba: «¡Hay que educarlo como príncipe heredero, hay que endurecerlo!». Hoy comprendo que la dureza de mi educación fue una preparación para mis futuras obligaciones, pero, en aquel momento, me hizo sufrir.

En Suiza, Eugenio Vegas Latapié, mi tutor, se ocupaba de mí. Me acompañaba a todas partes, me hablaba y me cuidaba. En especial, durante una doble otitis aguda que me tuvo en el hospital durante mucho tiempo. Mis padres estaban en un crucero, invitados por el rey belga Leopoldo III, y no se les pudo localizar. Afortunadamente, para llenar el vacío afectivo pude contar con mi abuela paterna, la reina Victoria Eugenia, a quien yo llamaba Gangan. Creo que es la persona más adorable que he conocido en mi vida. Era la encarnación de lo que llamamos una «gran dama», la personificación de la nobleza de mente y corazón. Siempre elegante y distinguida, era cálida, divertida y nunca ocultaba su fuerte carácter. No conozco a nadie que se atreviera a enfrentarse a ella. Su pragmático sentido común y su muy británico sentido del humor le permitían superar cualquier revés. Tuve una relación privilegiada con ella. Era como mi «abuela madre». La quiero mucho, la quise mucho. Todavía me emociono cuando pienso en ella y en su incomparable bondad.

Venía a verme desde Lausana todos los jueves por la mañana. Llegaba, siempre muy elegante, con su tez de porcelana, los ojos azules muy claros y el cabello blanco recogido en un moño, en su Plymouth negro conducido por su chófer. El director del colegio, Monsieur Grimeau, la recibía de manera protocolaria y la llevaba a mi dormitorio, que compartía con otros cinco internos. Disfrutaba de cada una de sus visitas, pero también sabía que insistiría en lavarme. Me prestaba de mala gana, porque hacía un frío que pelaba. En aquella época no nos duchábamos todos los días como ahora. Mi abuela me enjabonaba en una pequeña bañera del cuarto de baño sin calefacción; luego me revisaba la ropa, y apartaba la que necesitaba remiendos y lavados. Ella también me enseñaba pronunciar la erre española. Me reunía asimismo con ella para pasar el domingo en su casa, la villa Vieille Fontaine, cerca del lago Lemán. Ese día, temprano, tomaba el tren de Friburgo a Lausana, acompañado por mi tutor. Aún recuerdo cuando llegaba a su habitación y la encontraba leyendo los periódicos con guantes para no mancharse las manos. A mí tampoco me gusta el olor de los periódicos, ni las manchas grises que dejaban antes en las manos. La decoración era muy acogedora, de estilo británico, con bibelots que había heredado de su madre. El jardín era mi patio de recreo. Había que cruzar una calle por detrás de la casa para llegar a la pista de patinaje de la ciudad, donde iba en invierno. Esa casa, en la que tenía mis costumbres y mis puntos de referencia, se convirtió en mi puerto base. Allí pasé vacaciones memorables con mis primos. Unas damas de compañía se turnaban al lado de mi abuela; eran cuatro o cinco aristócratas españolas que se alternaban durante varias semanas. La encantadora Mademoiselle Rose, su ama de llaves, me daba dinero para comprar golosinas. Y más tarde, para ir al cine con mis primos. Gangan estaba muy unida a todos sus nietos: nos contaba historias y le gustaba hablar con nosotros, pero no podías quitarle la palabra. Nos confiaba como un secreto que, cada vez que necesitaba dinero, iba a la joyería a vender uno de los diamantes de su gran collar de dos vueltas, que luego sustituía por otro falso. Nadie sospechaba nada. Nos lo contaba todo riendo, sin un ápice de amargura.

Inspiraba confianza. Era al mismo tiempo una brújula y un imán. Durante las vacaciones, recibía a un primo de cada rama de la familia. No le gustaba que hubiera demasiados nietos armando barullo a la vez; prefería tener una relación privilegiada con cada uno de nosotros. Solíamos ir a pescar al lago y dar paseos por la montaña. De mayores, íbamos a tomar una copa al Café Scotch o a bailar al Bagatelle. Comíamos con ella y se nos hacía la boca agua de antemano, aunque a veces hubiera endivias y salsifíes que no nos gustaban. Para ella era un orgullo ofrecer a sus nietos menús especiales. «Quiero que comáis bien en casa», solía decirnos. Discutía largamente los menús con su cocinero, deseosa de complacer a todo el mundo. Después de la comida, nos sentábamos a su alrededor para escucharla. Apoyaba las piernas en un reposapiés y nos contaba anécdotas de su vida. Era tan abierta de pensamiento que podíamos hablar de todo con ella, con total libertad. Era muy moderna y vanguardista, e intentaba estar siempre a la última. Para todos nosotros, era la principal figura de apoyo, y para mí era la personificación de la distinción real. Recuerdo que, en sus últimos momentos, cuando estábamos susurrando nuestras preocupaciones y oraciones, nos dijo: «Can you talk lower because I can still hear everything?» (¿podéis hablar más bajo, que lo sigo oyendo todo?). Su humor era incomparable y su muerte dejó un gran vacío en mi corazón. Era extraordinaria. Tras su fallecimiento en 1969, a la edad de ochenta y un años, animé a mi padre a conservar Vieille Fontaine, pero él no tenía medios para mantenerla y se vendió. Después de aquello, fue más difícil mantener unida a la familia y nuestros lazos se debilitaron. Ella era nuestro punto de encuentro.

[...]

Todo era opuesto entre mi padre y Franco, políticamente e incluso físicamente: el Generalísimo era pequeño de estatura, de voz aflautada y de reivindicada austeridad, mientras que mi padre era un hombre expansivo y radiante, imponente y majestuoso. Franco no le había perdonado la publicación del «Manifiesto de Lausana» de 1945 y su postura pública en contra de su régimen. Su rivalidad personal era notoria, lo que nunca impidió a Franco mostrar su respeto por la monarquía como institución. Para afianzar su autoridad, Franco había redactado en 1947 una ley de Sucesión. (...) Mi padre, en su «Manifiesto de Estoril», denunció la ilegalidad de esta ley, de la que señaló que alteraba la esencia de la monarquía española.

Franco y mi padre no se apreciaban, pero, (...) en agosto de 1948, en el Azor, (...) llegaron a un acuerdo sobre una cosa: yo debía estudiar en España. Mi padre tuvo que transigir con su enemigo, su adversario político, el hombre que le cerraba el paso al trono, y aceptar confiarle a su hijo para asegurar el futuro de la monarquía. (...) Sé que fue una decisión arriesgada y difícil para mi padre, sobre todo porque los monárquicos estaban perseguidos en la época, como todos los demás opositores. Gritar «¡Viva el Rey!» se castigaba con la cárcel. (...) Algunos de los consejeros de mi padre, miembros de su Consejo Privado, no comprendieron su maniobra. Pero Pedro Sainz Rodríguez, antiguo ministro de Educación del primer Gobierno de Franco, que se había exiliado a Portugal, apoyó la decisión de mi padre. Entablé con él una relación muy personal: me enseñó a jugar al ajedrez, preludio de largas partidas de uno contra el otro, y me llevó a explorar Oporto y al palacio real de Busaco, rodeado de un bosque húmedo y brumoso. En 1969 regresó a Madrid, con su biblioteca de casi veinte mil libros, para ingresar en la Academia de la Lengua y de la Historia. Desempeñó un papel decisivo en mi destino.

[...]

Como veremos más adelante, aquello acabaría por perjudicarle: mi padre sería el gran sacrificado, al no llegar nunca a ser Rey como dictaba la orden de sucesión. ¿Era consciente de ello en aquel momento? No lo creo. Sé que mi abuela apoyó a mi padre en esta difícil decisión. Ella solía decir públicamente que el futuro rey de España tenía que ser Rey de todos los españoles, una frase que mi padre también repetía a menudo, pese a que en aquella época el país estaba dividido, gobernado por los vencedores de la Guerra Civil que demonizaban a «los rojos», lejos todavía de la reconciliación nacional. Sería imprescindible que yo pusiera de relieve esta misma frase en mi primer discurso oficial como Rey, ante las Cortes franquistas.

[...]

A finales de octubre de 1948, de un día para otro, mi padre me trajo de vuelta a Portugal, a Estoril, (...) Cuando llegué, mi padre me llamó a su despacho y me dijo: «Juanito, vas a ir a estudiar en España. Es importante que conozcas tu país». No dijo nada más ni tuve derecho a más explicaciones. Me sorprendió, desde luego; no me lo esperaba en absoluto. Siempre he tenido que adaptarme a los cambios de circunstancias, así que no tuve más remedio que conformarme con su decisión. Estaba al mismo tiempo ansioso por esta nueva perspectiva, lleno de curiosidad por conocer España y triste por tener que volver a dejar atrás a mi familia.


***


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 08 Dic 2025 20:09 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 01 Oct 2023 19:43
Mensajes: 1824
Wow, que cantidad de detalles, la verdad que la descripción que hace de la reina Victoria Eugenia es de gran valor ahora mismo. Parece que fue una mujer muy implicada en mantener a todos sus nietos. Lo del acento y su forma de hablar también resuelve muchas dudas porque por desgracia no hay grabaciones suyas hablando español.

Pero... que sustituyó diamantes de su collar por otros falsos es la primera vez que lo oímos, espero que si se refiere al collar de chatones hayamos conservado los verdaderos, porque si no vaya gracia...


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 08 Dic 2025 21:27 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 26 Mar 2019 22:04
Mensajes: 6598
Arearea escribió:
Wow, que cantidad de detalles, la verdad que la descripción que hace de la reina Victoria Eugenia es de gran valor ahora mismo. Parece que fue una mujer muy implicada en mantener a todos sus nietos. Lo del acento y su forma de hablar también resuelve muchas dudas porque por desgracia no hay grabaciones suyas hablando español.

Pero... que sustituyó diamantes de su collar por otros falsos es la primera vez que lo oímos, espero que si se refiere al collar de chatones hayamos conservado los verdaderos, porque si no vaya gracia...

La infanta Beatriz, en una entrevista da información similar sobre los idiomas de la familia.

¿Qué recuerdos de aquella época tiene de su madre?

-Mi madre era muy alegre, muy leal y muy familiar. Su abuela, la Reina Victoria, permitió que su hija pequeña, Beatriz, se casara con el príncipe Enrique de Battenberg a condición de que se quedaran a vivir con ella. Así que mi madre, desde que nació hasta los catorce años, cuando se murió la Reina Victoria, vivió siempre con ella. Era una familia muy grande y tenía muchísimos primos y primas casi de su edad… Cuando se caso, entro inmediatamente en la familia, y siempre se llevo divinamente con todos. Hasta la tía Eulalia, que era muy divertida y muy inteligente, pero que tenía una lengua muy afilada, siempre la quiso y la respeto…. Mamá decidió que los domingos por la noche vinieran a cenar todos los de la familia que estuvieran en Madrid. Y nosotros estábamos encantados. Es una pena que hubiera gente que pensaba que era altanera, porque era la sencillez misma; lo que pasa es que tenia un porte tan magnifico, que en los actos públicos impresionaba. Luego, ya en el exilio, todos sus nietos, que la llamaban "Guenguen", como ella a u abuela y nosotros a la nuestra, la adoraban y siempre estaban felices de estar con ella…

-¿En que idioma hablaban en palacio?

-Con mamá, en ingles, y con papá y la abuela en español. La abuela nunca hablo en alemán con sus hijos ni con nosotros, y fue una pena, porque aunque hubo una temporada en que todos teníamos una alemana que nos daba clases tres días por semana, ni papá ni nosotros lo hablamos nunca bien. Y fuera de España, cuando fuimos en los veranos a Austria, lo cogimos un poco más, sobre todo Crista, que era listísima y lo pescó en seguida. La única que hablaba alemán con Bama, que es como llamábamos a la abuela, la Reina Cristina, era mamá, que lo hablaba desde que nació y que lo dominaba como el francés, que fue el idioma con el que llevo el noviazgo con papá y el que utilizo en España hasta que en seguida aprendió el español. Lo hablaba muy bien, aunque tenía palabras que se le travesaban. Por ejemplo, nunca supo decir Luis, lo pronunciaba Lues, y aunque nos reíamos de ella, no hubo forma. Nosotros, el francés si lo aprendimos desde que yo tenía ocho años, porque teníamos una institutriz francesa y otra inglesa y cada día hablábamos en un idioma.

"A TIA ISABEL, 'LA CHATA', LA VEIAMOS CONTINUAMENTE".

-¿Vuestras Altezas conocieron a personajes que ahora parecen como de un pasado remoto, como las infantas hijas de Isabel II, tía del Rey?

-¡Ah, claro! Eran tías nuestras y las queríamos mucho. A tía Isabel, 'La Chata', la veíamos continuamente. ¡Era el perno de la familia! Adoraba a mi padre, siempre ayudo mucho y fue muy leal con Bama y nos quería muchísimo a todos. La tía Paz, era buenísima, pero como vivía en Munich, venia menos. La tía Eulalia pasaba temporadas, entre viaje y viaje por toda Europa. Era una mujer muy divertida, con mucho 'charme', muy cosmopolita, y a sus hermanas las encontraba anticuadas y pasadas. Su hijo, el tío Ali, se caso con la tía Beatriz, Bee, prima hermana de mamá, y a los dos los queríamos también muchísimo. La tía Bee, cuando se caso, no quiso cambiar de religión, porque no estaba convencida del todo, y entonces la boda fue mixta. En aquellos tiempos provoco un poco de problema. Muchos años mas tarde se hizo católica y era religiosísima.

-¿Había algún tema que interesase a Vuestras Altezas especialmente?

-Si, la Historia. Aunque hasta que fuimos mayores comíamos aparte, los domingos, las fiestas, los días de los santos y cumpleaños, nos encantaba oír hablar en la mesa. La tía Isabel sabía muchísima Historia y era, además, interesantísimo oírla. Mi padre tenía una memoria enorme y mi madre, no hablemos. Además, estaban empollados en Historia…. Y Bama, la abuela, se sabía todo sobre Austria. Cuando se tiraban la pelota unos a otros, aprendíamos, sin querer, y con mucho gusto. Las institutrices decían que no valía la pena que nos enseñaran esa materia, porque sabíamos más que ellas…


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 09 Dic 2025 12:24 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 03 Mar 2008 16:43
Mensajes: 5963
Buenos días.

Unas curiosidades sobre Victoria Eugenia y el tema de las pesetillas, que ya sabéis que es muy de mi gusto.

Primero, eso de la reina vende que te vende piedras cada dos por tres no es cierto. Sus hijas sí, sus hijos y nueras también, pero ella no (salvo las esmeraldas de marras). No sé si la anécdota de los chatones es cierta, pero tiene pinta de cuento de abuela a los nietos. Curiosa, eso sí.

¿Y por qué no vendía Victoria Eugenia? Porque nunca estuvo mal de dineros, probablemente fue la que mejor vivió, incluyendo el rey Alfonso o don Juan.
- Primero consiguió sacar 6.000 libras anuales a su marido tras el "cese temporal de la convivencia", unas 40.000 pesetas de la época.
- Se apoyó en la generosidad de sus parientes ingleses alojándose a todo tren en Kensington y otras residencias, heredó de su madre, se compró y vivió en la maravillosa casa del 34 de Porchester Terrace en Londres.
- Será precisamente en su estancia londinense cuando conozca y de cariño a esa gran trepa social que fue la señora Greville, la de las joyas, efectivamente. De ella heredó la bonita suma de 25.000 libras de la época.
- Hablando de herencias, algo antes había pillado 2.000.000 de pesetas, una fortuna, del marqués de Valdecilla.
- Franco le asignó una pensión haciendo valer los acuerdos internacionales que se firmaron en 1906 con motivo de su boda: 250.000 pesetas que se convirtieron en 700.000 unos años después.

Por favor, no hagáis como el periodista medio que pasa pesetas/libras a euros actuales sin tener en cuenta la inflación. 700.000 pesetas de los cincuenta equivaldrían a más de un millón de euros de la actualidad. Ena era una mujer más que acomodada y como tal vivió. Vivió muy, muy bien y fue muy, muy generosa en su casa y en su mesa.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 09 Dic 2025 17:27 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 25 Jul 2009 07:22
Mensajes: 4919
Ubicación: Utrecht, Países Bajos
Lamballe, gracias por la explicación, me gusta cuando seguimos derrumbando mitos como que Ena vivía de pordiosera en Suiza mangueando a diestra y siniesta. Siendo así tengo una pregunta que quizá no tenga explicación, ¿por qué entonces la venta de las esmeraldas y otras joyas? Tuvo a bien sí dividir las suyas como le interesaba y fijar unas que quería que se pasen entre reinas, doña María obvio no respetó el 100% del pedido, pero no se entiende entonces la razón.

O/T absoluto pero llevo años buscando una entrevista de Ena donde se la escuche en inglés o español pero es imposible, salvo esa en francés que todos conocemos no hay nada.

_________________
"Ma fin est mon commencement,
et mon commencement ma fin".


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 09 Dic 2025 18:38 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 22 Abr 2015 17:57
Mensajes: 23527
Ubicación: España
Sobre la venta de las esmeraldas se dice que fue para costear parte de la boda del Príncipe Juan Carlos. Las fechas coinciden más o menos con el compromiso. Los Condes de Barcelona, sus hijos, toda la familia, imagino tuvo que meterse en gastos para acudir a semejante celebración de primer nivel.

Quizás ella no necesitara el dinero, pero los Barcelona… Emanuela Dampierre aseguró que Don Juan y la Reina Victoria Eugenia sufragaban los gastos de Alfonso y Gonzalo cuando se fueron a vivir a España. Gastos tenía.

phpBB [video]


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 09 Dic 2025 18:52 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 25 Jul 2009 07:22
Mensajes: 4919
Ubicación: Utrecht, Países Bajos
Gracias por la explicación Clara. Recuerdo varios comentarios que Federica de Grecia le quemó la cabeza, como decimos en Argentina, al emérito respecto a que ellos estaban pagando todo y que poco menos que eran unos muertos de hambre. Qué tuvieron sus agarradas antes de la boda.

_________________
"Ma fin est mon commencement,
et mon commencement ma fin".


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 09 Dic 2025 19:45 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 29 Mar 2008 23:11
Mensajes: 7635
Es enternecedor el comentario de Don Juan Carlos sobre su abuela, cuando alguien habla bien de una persona normalmente es cierto.
Ena siempre elegane y distinguida, cuando salia al lado de la reina Isabel (madre) el contraste era apabullante era como la señora y la criada vestida de domingo
.


Arriba
 Perfil  
 
Mostrar mensajes previos:  Ordenar por  
Nuevo tema Responder al tema  [ 376 mensajes ]  Ir a página Anterior  1 ... 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22 ... 32  Siguiente


¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 0 invitados


No puede abrir nuevos temas en este Foro
No puede responder a temas en este Foro
No puede editar sus mensajes en este Foro
No puede borrar sus mensajes en este Foro
No puede enviar adjuntos en este Foro

Saltar a:  



Style by phpBB3 styles, zdrowie zdrowie alveo
Powered by phpBB © 2000, 2002, 2005, 2007 phpBB Group
Base de datos de MODs
Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com


Condiciones de Uso | Política de privacidad