Efectivamente, todo es relativo. Pero creo que en esta historia pesetillas

hay que especificar algo más y distinguir etapas en al economía de los Condes de Barcelona.
- Para empezar los años que van de 1935 a 1941. Este momento sí que fue duro para ellos. Obviamente no hubiese sido duro para nadie del pueblo llano, pero sí para ellos. En un piso más bien
modesto en cuanto a tamaño en Roma, con dos miembros de servicio (no recuerdo bien este dato) y una asignación mínima que les pasaba el rey Alfonso XIII. En este momento sí que se habla de alguna venta de joyas para salir de apuros, imagino que coincidiendo con alguna fiesta familiar tipo bautizos.
-Entre 1941 y 1969, en los que fallecen respectivamente el rey Alfonso XIII y Victoria Eugenia. La muerte del primero convierte a don Juan en Jefe de la Casa y aspirante a la Corona española. Obviamente fue mejorado en el testamento paterno sin que ello constituyese ninguna ilegalidad. La legislación española divide el patrimonio a heredar en tres partes: Legítima, a dividir en partes iguales entre todos los hijos vivos y herederos legítimos de los muertos (en nuestro caso Beatriz, Cristina, Jaime y Juan), Tercio de Mejora, con el que compersar/mejorar a cualquiera de los herederos legítimos (que supongo don Juan fue el principal beneficiario) y el Tercio de Libre Disposición, que el testante deja a quien le de la real gana (y que imagino que también sería para Juan). Ambas herencias, de madre y padre, reconocen a don Juan como cabeza de familia y principal beneficiario, lo que se tradujo en una sustancial mejora de su situación económica. Pero pongamos cifras.
En el caso de lo heredado de Alfonso XIII la cosa está bastante clara y se puede cifrar el monto de lo heredado en unos 9 millones de euros actuales. No había propiedades inmobiliarias ni participaciones empresariales. Joyas sí y alguna obra de arte menor. No está nada mal, desde luego, pero la pertenencia a una CR, más en el caso del Jefe y principal candidato al Trono, llevaba implícita cargas: viajes, representación, compromisos sociales, familiares y políticos, compra de voluntades, una vivienda adecuada a la posición, servicio, el infante don Jaime. Imagino que esos 9 millones, con suerte, hubiesen producido un rédito anual no superior al 6 o 7%, unos 500 o 600 mil euros anuales. Sí dividimos esta cantidad entre los gastos que menciono antes probablemente estemos ante una situación deficitaria paliada en parte con las aportaciones de algunos Títulos del Reino. Estas aportaciones no eran, sobre todo en el caso de las cantidades importantes, generosos donativos a fondo perdido, sino más bien préstamos de aquellos que pensaban que ese caballo era el ganador en la carrera al trono español. Todos sabemos que se equivocaron, pero las deudas estaban ahí.
Es cierto que Franco, me parece que en 1942, les devuelve propiedades en España, pero eso casi es más pasivo que activo. A estas alturas los palacios de La Magdalena, Miramar y la isla de Cortegada representan un gasto enorme sólo en mantenimiento con el que corría el patrimonio de don Juan, desentendiéndose sus hermanas y, por supuesto, el arruinado infante don Jaime. Obviamente ningún ingreso.
Los últimos años de este periodo son una sangría enorme para su patrimonio. La boda de Juan Carlos con princesa de casa reinante, perfecta desde el punto de vista dinástico, era fatídica desde el punto de vista económico. Los condes no podían hacer frente a los gastos derivados de la boda ni atender a la contradote (o arras) de la novia sin quedarse con una mano delante y otra detrás. En este punto la venta de las esmeraldas de Victoria Eugenia salvó una papeleta que tenía una pinta bien negra. La boda de Pilar fue otro tanto, pero dado que era con un noble español de segundo rango, se pudo con ello, pero no sin esfuerzo.
- A partir de 1969 y hasta su muerte. Marca el declive definitivo de la fortuna familiar. Llegan las boda de Margarita, las entregas periódicas a sus hijos ya independizados, los nietos...y las conspiraciones. Los años finales de la vida del dictador pequeñito convertirán la vida de don Juan en un trasiego conspiratorio incesante. Ni que decir tiene que la compra de voluntades cuesta algo más que la entrega de una tarjeta de visita con el apellido Borbon y tres flores de lis en dorado sobre fondo azul. Costó dinero, mucho dinero y, probablemente, muchos prestamos que hubo que atender después. Imagino que cuando llegó el año 75 y pasó lo que pasó, muchos de aquellos que prestaron tocaron a la puerta de los condes pidiendo su dinero. Se vendió Cortegada, se vendió Miramar, se vendió La Magdalena...pero don Juan, en su testamento, apenas deja tres millones de pesetas en efectivo, un par de pisos en Madrid y ni una hectárea de tierra.
Rico, pues hombre, teóricamente sí. Pero creo que las cifras hablan por sí mismas. Para declaran la situación de una persona creo que hay que tener en cuenta el resultado final de un balance con la relación completa entre gastos-ingresos. De no haberse producido la subida al trono del actual rey hoy en día los bisnietos de don Juan y doña María trabajarían en la dignísima profesión de camarero (que yo ejercí años, antes de que alguien se me rasgue las vestiduras)